La actividad comercial internacional debe ser entendida y gestionada con una nueva mentalidad, surgida de la constante adaptación al cambio, el profundo análisis de los factores que inciden en el proceso y la aplicación del pensamiento estratégico a la toma de decisiones.
lunes, 7 de enero de 2013
Competitividad y nuevos retos de la empresa global: ¿Cómo funcionar mejor?
"Quizá no se pueda asegurar el futuro, pero sí se puede, en mayor medida, catalizar, propiciar su consecución. Se ha de desplegar una sólida gestión estratégica que anticipe cambios, y también han de obtenerse los resultados de hoy con el esfuerzo preciso y no más."
Competitividad y nuevos retos de la empresa global: ¿Cómo funcionar mejor?
Parece cierto que falta profesionalidad o calidad en la gestión de los directivos, y que el funcionamiento de las empresas resulta a veces, si no viciado o desacertado, bastante perfectible. La economía nacional no explica siempre los resultados, y ha de admitirse, sí, que, en crisis o bonanza, la gestión ha de mejorar, aunque el análisis deba ajustarse en cada caso a las correspondientes realidades.
Mientras los directivos se nos presentan a menudo como modernos capataces aureolados por el liderazgo.Sí, hay modelos valiosos de excelencia e inteligencia de las organizaciones; aunque parece que dirigir se está refiriendo más a las personas (a “motivarlas”) que a las empresas, a los departamentos, a las divisiones…
Tan predicado el liderazgo y tal como se interpreta, los directivos podrían estar mirando más a sus subordinados-seguidores que al futuro, que a las metas. En todo caso, si les queda tiempo, parece que han de practicar el coaching, porque ambos nimbos contribuyen a su brillo en la literatura, la de líder y la de coach, si no alguna más.
Al respecto, podemos recordar —si la analogía se acepta— que, allá por los años 80, las centrales de conmutación automática de las redes telefónicas pasaron de contar con un control “centralizado” (primero ejercido por unos circuitos de relés llamados marcadores, y más tarde mediante una pareja de grandes ordenadores) a disponer de un control totalmente “distribuido”.
En los primeros años 90 eran numerosas las centrales telefónicas en que cada línea de abonado era “inteligente”: contaba con un microprocesador para controlar las llamadas. Tras este cambio técnico y filosófico en los sistemas de conmutación, pudo llegar la telecomunicación total que hoy conocemos.
Se diría que este cambio cultural —la distribución del poder— introducido en los sistemas de telecomunicación no se ha trasladado a todas las empresas de la economía del saber y el innovar, y que esta circunstancia —esta falta de protagonismo de no pocos knowledge workers— mantiene atorada la productividad y la competitividad.
Por mucho que los expertos prediquen el empowerment, la toma de decisiones se mantiene centralizada en muchas organizaciones; se reserva a los directivos, que tal vez no cuentan siempre con todo el conocimiento técnico necesario para acertar. Quizá algunas empresas funcionarían mejor con una mayor dosis de protagonismo de los trabajadores, más próximos estos a los problemas cotidianos.
Hay, desde luego, factores muy diversos que afectan a la solidez y prosperidad de las empresas, y desafían a los directivos; pero hemos de pretender que aquellas funcionen bien, que la organización esté bien pensada, que se aproveche el potencial disponible, que se alcancen los mejores resultados con el mínimo esfuerzo, todo ello en el marco de la excelencia en la gestión.
Las empresas habrían de funcionar con agilidad e inteligencia, aunque es cierto que también surgen torpezas u obstáculos exógenos. Todo suele ser bastante complejo, sí, en los escenarios sistémicos, pero quizá podamos convenir algunas características generales de las organizaciones más inteligentes, las que mejor funcionan:
a. Valoran el capital humano y catalizan su mejor expresión.
b. Perciben, con perspectiva y objetividad, las realidades del entorno.
c. Son conscientes de sus fortalezas y debilidades, y aprenden de sus éxitos y fracasos.
d. Definen bien misiones y metas, y rechazan las imprecisas o inalcanzables.
e. Desean que cada individuo asuma protagonismo y responsabilidad por sus resultados.
f. Analizan debidamente sus problemas y los resuelven sin crear nuevos.
g. Se preparan para el futuro sin desatender el presente.
h. Viven la innovación como un proceso continuo, y no solo como sucesos periódicos.
i. Detectan oportunidades y las saben aprovechar.
j. Combinan la efectividad con el cultivo de emociones positivas.
k. Nutren continuamente sus conocimientos y los aplican.
l. Poseen conciencia de servicio a la sociedad de que se sirven.
m. Condenan y evitan la corrupción, la complacencia y la inercia.
n. Obtienen los mejores resultados con el mínimo esfuerzo.
o. Previenen, detectan y gestionan debidamente las desviaciones sobre planes.
p. Se adaptan, con la debida flexibilidad, a las nuevas situaciones.
q. Evitan que normas y procedimientos se impongan al sentido común.
r. Relacionan la calidad con la satisfacción del cliente.
s. Funcionan como un todo vivo, cuyas partes encajan sinérgicamente.
t. Toman las decisiones operativas al nivel más bajo posible.
Todas estas características (y algunas otras más específicas que cabría añadir) podrán parecer perogrulladas, pero lo cierto es que no se valora siempre en suficiente grado el capital humano ni se cataliza su expresión; que, fruto a menudo de nuestros modelos mentales, no se perciben las realidades con objetividad; que se suelen formular metas con cierta veleidad, y aparecen algunas equivocadas o contradictorias; que se desaprovecha el acervo de experiencia colectiva acumulada; que el trabajo, e incluso la formación, se mide más en horas que en resultados.
Hay que insistir en cultivar la inteligencia funcional u organizacional, acudiendo incluso a los postulados de expertos ya bien conocidos en el escenario finisecular.
Sin menoscabo de valiosas aportaciones anteriores, podemos rcordar que el modelo de organización inteligente que nos ofrecía Peter Senge presentaba cierta “dominancia de hemisferio derecho”, y que el de Ikujiro Nonaka apuntaba “dominancia de hemisferio izquierdo”; pero otros muchos expertos fueron contribuyendo al concepto, y hoy no nos faltan referencias.
No, no faltan postulados a aplicar en las empresas, aunque es verdad que a menudo simplemente falla el sentido común; tal vez es así, en alguna medida, porque se desvirtúa la escala de valores y aumenta la entropía de la organización.
Desde luego puede estar fallando la visión panorámica, la percepción del tránsito de la economía industrial a la del conocimiento. Sin menoscabo de la unicidad de cada empresa, ya no cabría hablar tanto de jefes y subordinados, de líderes y seguidores, de recursos humanos… Quizá habría de cultivarse, en la medida de lo posible pero con mayor decisión, la figura, por un lado, de los profesionales técnicos de los diferentes campos, y por otro, la de los profesionales de la gestión.
Los niveles jerárquicos se reducen, y cada día es más frecuente que el jefe no sea el más experto en los detalles técnicos de su área de responsabilidad; de modo que podría no caber tanto dirigir por instrucciones y tareas, como hacerlo por objetivos y resultados.
Como todo se adultera, a veces se interpreta la dirección por objetivos como dirección por tareas cuantificadas, o se sugiere sinonimia entre el concepto “capital humano” y el concepto “recurso humano”, como entre la renovación tecnológica y la innovación. Pero el lector interesado puede extender la reflexión en sintonía con sus inquietudes y las realidades que le circundan.
Conclusión.
En verdad las organizaciones pueden funcionar mejor; y aun con menor esfuerzo; y con mayor satisfacción de todos. Mihaly Csikszentmihalyi, el prestigioso psicólogo americano de origen húngaro, nos hablaba del estado de flujo —de máximo rendimiento y disfrute del individuo—, y quizá debíamos llevar este concepto a las organizaciones.
Fuente: José Enebral Fernández/ Managers Magazine
sábado, 5 de enero de 2013
Excelencia y management empresarial: La economía del nuevo neurolíder
"Ya no podemos hablar de crisis, sino de un cambio de era. Si su negocio (y su propia marca) no están íntimamente entrelazados con lo conceptual, con lo conductual y con lo gratuito, su organización y Ud. mismo están dejando de ser competitivos a pasos agigantados.”
Excelencia y management empresarial: La economía del nuevo neurolíder.
Es indudable que estamos viviendo momentos, en la historia de las organizaciones y de la sociedad en general, que requieren de una profunda reflexión y de un cambio en los modelos de liderazgo que hasta ahora hemos utilizado y que nos han servido de guía.
Para muchos, las escuelas de negocios y los programas MBA han fracasado a la hora de desarrollar las características y habilidades de liderazgo fundamentales y necesarias para conducir empresas que no solo sean competitivas, sino también con conciencia social y con el conocimiento para equilibrar el interés de los accionistas y el bienestar de los empleados y clientes. Por supuesto existen las excepciones.
Por otra parte, ser competitivo no solo implica estar informado de lo que está ocurriendo en la esfera global, sino también tener la predisposición y la habilidad para saber incorporar, en el día a día, nuevas formas de operar que nos ayuden a responder rápidamente a los desafíos que se nos presentan.
A tal efecto, me gustaría citar a Juan Carlos Cubeiro, uno de los mayores referentes del management español, que escribió lo siguiente en uno de los recientes posts de su blog:
“Efectivamente, ya no podemos hablar de crisis, sino de un cambio de era. Si su negocio (y su propia marca) no están íntimamente entrelazados con lo conceptual, con lo conductual y con lo gratuito, su organización y Ud. mismo están dejando de ser competitivos a pasos agigantados”.
Si nos focalizamos en los dos primeros aspectos que Cubeiro menciona, lo conceptual y lo conductual, es fácil asociarlos con los que el autor norteamericano Daniel Pink denomina preferencias de pensamiento del hemisferio cerebral derecho (la parte del cerebro que ha sido asociada con la creatividad y con las habilidades sociales, entre ellas la empatía).
Sin embargo, en las prácticas de management lo que ha predominado y se ha “respetado” principalmente ha sido el pensamiento analítico, lógico y lineal (preferencias de pensamiento que tienen que ver más con los circuitos cerebrales del hemisferio izquierdo).
Hoy en día, gracias a los avances de la Neurociencia, se sabe que la clasificación de circuitos cerebrales y hemisferios no es tan exacta como se había planteado. A pesar de ello, no cabe duda de que las preferencias de pensamiento existen y, en términos de selección, las empresas han optado por elegir y promover personas que tuvieran habilidades técnicas más que sociales. Por otro lado, los cargos directivos se han ido ocupando con líderes que prefieren mantener el foco en los números y en el retorno de la inversión más que en las personas.
Resta decir que cualquiera que quiera operar eficazmente en el mundo de los negocios necesita entender de números y conocer muy bien cómo convertir a la empresa en una entidad rentable, pero contar con líderes que solo utilizan esta forma de pensar, sin buscar la diversidad y sin ser conscientes de utilizar otras preferencias provocará, tarde o temprano, un estancamiento de la organización en términos de innovación, una repetición de estilo en la toma de decisiones y una falta de consideración hacia el elemento humano de la empresa.
Muy recientemente, el neurocientífico Matthew Lieberman, de la Universidad de California, presentó una investigación acerca de nuestra capacidad de mentalizar o predecir los estados emocionales o intencionales de otras personas. Resulta que esto requiere de esfuerzo, atención y recursos considerables. Estos estudios han demostrado que las personas que se encuentran sumamente ocupadas y estresadas en su trabajo, tienen una capacidad reducida para pensar acerca de lo que otros están pensando o lo que puedan necesitar.
Lieberman afirma que nuestra capacidad de mentalizar acerca de los pensamientos de otras personas es extremadamente pobre, incluso cuando no se está bajo presión.
Otro aspecto de la investigación confirma que el circuito cerebral utilizado para pensar analíticamente desconecta el circuito para pensar en otras personas. Quienes pasan mucho tiempo analizando y centrados en objetivos y estrategias pueden haber disminuido el funcionamiento de los circuitos sociales, simplemente por falta de uso.
Si unimos esto con la dificultad que existe para pensar en las mentes de los demás cuando se está bajo presión (y los líderes están bajo una carga cognitiva masiva), se puede entender por qué hay una brecha emocional entre los altos ejecutivos cognitivamente agotados y las personas que realmente saben liderar.
Estamos viviendo una transformación económica, social y empresarial que requiere del desarrollo de competencias que asista de una forma distinta en el liderazgo de las personas. El poder posicional se está viendo reemplazado, cada vez más, por la capacidad para inspirar y por la habilidad de crear conexiones emocionales con personas de diferentes equipos, culturas y generaciones.
Fuera de las organizaciones, el fenómeno de las redes sociales ha facilitado que cualquiera que tenga algo que decir, y sepa cómo comunicarlo, pueda crear un grupo de seguidores y formar lo que el gurú del marketing Seth Godin llamara “Tribu”.
Las individuos, en general, adoptan las tendencias más rápidamente que las empresas consolidadas, con lo que el cambio se produce mas fácilmente. Sin embargo, las empresas no pueden escapar a este fenómeno de “liderazgo por influencia”.
Esta necesidad que existe cada vez más a nivel empresa, ofrece la oportunidad de re-pensar el liderazgo y de incluir al cerebro como parte del nuevo modelo. Cuesta creer que el órgano de nuestro cuerpo que nos hace decidir, pensar, priorizar y percibir a otros, entre otras cosas, haya sido ignorado durante tanto tiempo, principalmente por la falta de conocimiento en cuanto a su funcionamiento.
Hoy en día, los hallazgos científicos que emergen, particularmente del ámbito de la Neurociencia Cognitiva Social, permitirán que podamos entender aspectos que hace unos años no se hubieran considerado. Estos descubrimientos facilitarán que, por ejemplo, el CEO de una empresa pueda tener en cuenta estrategias para prevenir problemas de salud mentales que pudieran afectar el bienestar y la productividad de sus empleados, o activar mecanismos para modificar conductas que limitan el logro de metas y el trabajo en equipo.
Navegar exitosamente en este clima de negocios caótico e impredecible, demanda líderes que puedan reflexionar sobre los demás para poder así implicar al talento humano con el que su empresa cuenta. Pero esto no es suficiente, como dice Dee Hock, de la empresa VISA Internacional: “Si vas a liderar, es mejor que inviertas el 50% del tiempo en liderarte a ti mismo”.
Conclusión.
Liderarse a uno mismo conlleva conocer en profundidad las capacidades cerebrales con las que uno cuenta e interesarse por saber si el cerebro de uno está equilibrado, presente (o “mindful”) y “aware” (consciente del impacto que sus comportamientos y decisiones puedan tener en otros.
Convertirse en un neurolíder, es decir, alguien que lidere prestándole atención al funcionamiento y al potencial de su cerebro, es probablemente una tendencia que ha llegado recientemente al mundo de las organizaciones y se arraigará en el desarrollo del talento cada vez más.
Fuente: Silvia Damiano/ Executive Excellence
viernes, 4 de enero de 2013
Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en la empresa del siglo XXI: Qué es y qué no es
"Las diferencias culturales dificultan la tarea de dar con una explicación sencilla y comúnmente aceptada de las responsabilidades de la empresa ante la sociedad. El concepto que suele tener una compañía sueca, por ejemplo, dista bastante del de una de Bangladesh."
Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en la empresa del siglo XXI: Qué es y qué no es.
En el año 2011 la Comisiób Euopea aportó una definición de RSC muy acertada, por su sencillez y concreción: "Es la responsabilidad de las empresas por su impacto sobre la sociedad".
El profesor del IESE Antonio Argandoña desarrolla las implicaciones de esta definición.
Responsabilidades compartidas y recíprocas.
Según Argandoña, la "responsabilidad" de la definición implica un compromiso legal, ético (porque refleja un deber moral) y social (en cuanto que la organización se siente interpelada por la sociedad para afrontar sus responsabilidades: rendición de cuentas, transparencia, etc.).
Pero la verdadera esencia de la responsabilidad social reside en la segunda parte de la definición introducida por la Comisión: los "impactos" sobre la sociedad. Y es que todas y cada una de las acciones (y omisiones) de la empresa afectan a las personas, ya sean propietarios, inversores, empleados, clientes, proveedores, comunidad local o sociedad en general.
La responsabilidad social es el conjunto de responsabilidades que la empresa asume ante la sociedad. Eso sí, entendidas no como un listado abstracto propuesto por los expertos, sino como algo cambiante en función de las circunstancias y la propia sensibilidad de los actores o grupos de interés.
Unas responsabilidades compartidas y recíprocas, entendidas desde la existencia del diálogo y la colaboración entre los distintos grupos de interés.
Son, por ejemplo, responsabilidades de la dirección ante los empleados, pero también de los empleados ante los directivos. De hecho, el número de interlocutores de la empresa es un indicador de cómo concibe su responsabilidad social.
¿Ser responsable es rentable?.
El comportamiento socialmente responsable puede reportar a la empresa mejoras en su ventaja competitiva, reputación, capacidad para atraer y retener trabajadores, clientes y usuarios, así como su productividad, relación con los grupos de interés y la percepción por parte de los inversores.
Además, la mejora de los resultados económicos vinculados a la RS puede llegar a través de varias vías: aumento de la cuota de mercado; lealtad de los consumidores; fomento del aprendizaje organizativo; compromiso y lealtad de los empleados; reducción del impacto medioambiental y de los costes de energía, residuos...
Ahora bien, la introducción de políticas de responsabilidad social no acostumbra a realizarse porque algunos estudios empíricos muestren un impacto positivo de estas medidas sobre el rendimiento financiero.
Según Argandoña, es probable que la empresa necesite argumentos más directos que desciendan a los detalles de la relación entre rentabilidad financiera y acciones sociales. Por ejemplo, si podemos mostrar que la implicación de la empresa en la RS atrae a los mejores empleados, hace máss atractivo su trabajo, aumenta su orgullo de pertenencia y les lleva a ser más eficientes y leales, entonces el argumento de la rentabilidad de la RS será más efectivo.
El directivo socialmente responsable.
Partiendo de las características esenciales de la RS, un directivo socialmente responsable:
a. Tendrá en cuenta una amplia gama de resultados posibles de sus acciones, es decir, de impactos sobre la sociedad y los grupos de interés.
b. Valorará los efectos de sus decisiones sobre él mismo.
c. Promoverá una cultura de comunicación y diálogo con los grupos de interés.
d. Estará dispuesto a dar cuenta de sus acciones y será transparente en su gestión.
e. Tendrá una visión a largo plazo porque, al entender la naturaleza de los impactos de sus decisiones sobre los demás, podrá prever la aparición de futuros problemas.
f. Tratará de que los incentivos que se creen en la empresa sean compatibles con la dignidad de los grupos de interés, la conducta que se espera de ellos y sus consecuencias a largo plazo.
Conclusión.
Más allá de la actitud de la alta dirección, la RSC exige una agenda unitaria en la empresa, pero dividida en subagendas coordinadas, mediante las cuales todos los actores puedan hacer sus aportaciones.
Tanto una compañía como un directivo socialmente responsables se caracterizan por su excelencia o, al menos, por su voluntad de serlo.
Aunque la RSC no protege de una caída de las ventas, de la restricción del crédito o del impago de los clientes, "es una buena manera de hacer frente a estos acontecimientos con la mirada puesta no en el resultado a corto plazo, sino en la sostenibilidad y permanencia de la empresa".
Fuente: Antonio Argandoña Rámiz/ IESE Insight
jueves, 3 de enero de 2013
Cuando la tecnología no es lo único importante: Ocho lecciones de management que aprendí en Apple
"Apple es una compañía que concita pasiones y odio por igual. Indudablemente se trata de una empresa que sigue sorprendiendo y que, independientemente de su sector, es una de las pocas capaz de ser líder de volumen de mercado a la vez que líder en exclusividad."
Cuando la tecnología no es lo único importante: Ocho lecciones de management que aprendí en Apple.
Buena parte del éxito alcanzado por Apple proviene del hecho de que se trata de una gigantesca start-up, con una cultura corporativa muy enfocada en la ingeniería, con la mínima burocracia y que se preocupa por sus empleados.
Sachin Agarwal pasó seis años en antes de empezar la plataforma de blogging Posterous, y tuvo oportunidad de aprender mucho del estilo de dirección de Apple durante ese tiempo. Agarwal cuenta en una entrevista en Business Insider “Me encantaba trabajar allí, (marcharme) fue una decisión muy difícil”. Pero cuando se fue, llevó consigo ocho lecciones que le ayudaron a hacer de Posterous una empresa que también alcanzó el éxito. Estas son las conclusiones:
1. Una empresa tecnológica debe estar gestionada por ingenieros, no por managers.
La mayor parte de la empresa norteamericana estaba dirigida por ingenieros. “No tienen mucha gestión de producto” apunta Agarwal “La mayoría de los equipos que llevan un producto son pequeños, y están dirigidos por ingenieros”. Asimismo, todos los managers son ingenieros “No son product managers o MBA’s”. Esto supone que todo el mundo implicado en un producto realmente conoce en profundidad la tecnología.
2. Es vital crear una cultura de respeto entre gerentes y empleados.
Dado gerentes y empleados tienen por igual un pasado como ingenieros, “No hay una diferencia entre los gerentes de producto y los ‘code monkeys’ (podríamos traducirlo por pica código o indios)”. Existe un gran respeto entre jefes y subordinados. “Mi jefe fue un ingeniero de Apple durante 10 años, antes que manager, lo que impulsaba a trabajar incluso más duro para impresionarle”.
3. Dar a los empleados capacidad de mejorar sus propios productos.
En Apple, si un ingeniero trabajaba con un producto y encontraba algún problema, podía solucionarlo sin tener que atravesar varias capas de burocracia. Todos los proyectos eran a largo plazo, pero los mejores avances venían de las iniciativas de los ingenieros.
4. Desafíar a los empleados para que crezcan.
La gerencia de Apple siempre empujaba a Agarwal un poquito por encima de sus posibilidades -“pero aprendía”- apostilla el entrevistado. Ya estaba dirigiendo proyectos a los seis meses de llegar. “Apple es verdaderamente buena para desarrollar a sus empleados y dotándolos de las habilidades necesarias para crecer con la compañía”.
5. Los “deadlines” son cruciales.
Apple solicitaba deadlines cerrados, y nunca se los saltaba. Sin embargo, “en términos de calidad Apple nunca enviaba algo si no cumplía con los ‘estándares Apple’, incluso si ello significaba cortar un producto”.
Incluso a nivel de una startup “es fácil seguir construyendo y construyendo y construyendo sin lanzar nada” añade. “Lo mejor es cumplir, adherirse a los deadlines y luego gestionarlo”.
6. No competir por ver quien tiene más características y “gadgets”.
“Apple no cree en jugar al ‘feature game’ (a ver quién tiene la mejor cámara o la pantalla más grande) con sus productos.” Por contra, la compañia se enfoca en sus propias metas y en sus propios productos, en lugar de mirar a los lados para ver cómo lo hacen sus competidores y tratar de alcanzarlos.
Esta misión “está profundamente incrustada en la cultura de Apple, los ingenieros no se enfocan en la competencia sino en innovar y lanzar productos que desafíen el status quo”.
7. Contratar a gente que esté locamente apasionada por su trabajo.
Agarwal comenta “La gente que trabajaba en Apple realmente quería estar allí. Personalmente soy un gran fan de Apple, y está bien, no hay nada de malo en eso. Ahora voy a trabajar el doble (en su nueva compañía) porque es algo en lo que ha creído desde el principio”. Ese entusiasmo es crucial para decidir a quién contratar.
8. Es importante tener un equilibrio con la vida personal.
Apple pone un gran énfasis en mantener un equilibrio entre lo profesional y lo personal. “Trabajas duro, pero te dejan disfrutar de tu tiempo libre por tu cuenta”. Eso incluye un excelente seguro de salud o unas amplias vacaciones de Acción de Gracias o Navidad. “Apple da en el clavo -ese es además su slogan-, nos encanta trabajar aquí, trabajamos duro, pero cuando todo está dicho y hecho puedes ir y disfrutar de tu vida”.
Conclusión.
Apple sigue a la cabeza del sector porque se trata de una startup gigante: Es capaz de aprovechar economías de escala sin perder un ápice de su flexibilidad operativa.
La compañía de la manzana alberga un valioso capital humano, reducido en número pero muy preparado para el negocio en el que opera, y es capaz de lograr una adhesión incondicional de sus empleados gracias a las posibilidades de desarrollo profesional y a una gran cultura corporativa.
Fuente: Manangers Magazine
Protocolo en los negocios y globalización: Un paso en falso, un negocio menos
"La globalización ha logrado que los negocios internacionales sean más comunes que nunca. Sin embargo, todos los días, los negocios se comprometen o se pierden cuando los clientes y proveedores extranjeros se sienten ofendidos ante la ignorancia de sus costumbres, su cultura o las formas en su país."
Protocolo en los negocios y globalización: Un paso en falso, un negocio menos.
Algo tan simple como mostrar las suelas de los zapatos, puede significar una calamidad en algunos países asiáticos y del medio oriente. El presidente de una compañía de televisión por cable tuvo que aprender esto de la manera más dura y costosa cuando, durante una importante reunión de negocios con su contraparte japonesa, su abogado puso los pies sobre la mesa, dejando al descubierto la suela de sus zapatos. Le tomó un año restablecer la relación que había desarrollado con los japoneses. Ni mencionar los costos que representó.
Entre otros comportamientos que varían entre culturas podemos encontrar los saludos (beso, inclinación o apretón de manos), la distribución de los asientos, la manera de entregar y tratar las tarjetas de presentación, el espacio personal entre las personas, los comportamientos durante las comidas y la cantidad apropiada de contactos visuales, expresiones faciales y gestos con las manos.
Muchos gestos comunes con las manos tienen connotaciones culturales. Por ejemplo, lo que en Argentina y en los EEUU es considerado un gesto positivo, la señal “OK” con el pulgar y el índice juntos creando un círculo, tiene un significado muy diferente en otros países. En Francia, que significa “sin valor” o “cero”, en Japón es sinónimo de dinero y en Brasil representa una seña obscena, como lo muestra la publicidad de HSBC.
Más allá que la intención sea la más transparente y sincera, las personas pueden insultar u ofender a otras personas a través del mal uso de ciertos códigos culturales. Lo que puede considerarse culturalmente aceptable en su país, puede significar completamente lo opuesto en otros.
Por ejemplo, muchos argentinos suelen no darse cuenta de lo arrogante o irrespetuoso que su carácter directo puede parecer para personas de otros países de Latinoamérica. La inocencia o la ingenuidad los lleva a comportarse en Guadalajara de la misma manera en que se comportarían en Buenos Aires.
Aprender las costumbres y la cultura de un país extranjero ofrece una señal de respeto hacia la otra parte, y el respeto es importante en el desarrollo de una relación de negocios. El hecho de que no haya aprendido de la historia y las costumbres del país donde deseas trabajar, plantea dudas sobre la seriedad y compromiso para hacer negocios allí.
Ya sea que forme parte de una delegación en una feria internacional, esté aplicando a un trabajo en el exterior o tratando de cerrar un negocio, hacer un poco de investigación de antemano puede ayudarle a parecer respetuoso y minimizar la posibilidad de cometer pasos en falso en un contexto extranjero.
Conclusión.
Desarrollar conciencia cultural y aumentar el conocimiento sobre las diferentes costumbres y tradiciones, pueden ofrecerle una ventaja competitiva para trabajar exitosamente en este mercado cada vez más internacional.
¿Qué reglas de protocolo y formalidades ha encontrado al hacer negocios o trabajar en otros países?
Fuente. Marcelo Baduino/ Iceberg Consulting
miércoles, 2 de enero de 2013
Estrategias y creación de valor en la empresa: Nuevos retos y nuevas áreas de crecimiento
"La capacidad de interacción y de influencia del cliente actual, favorecida por el uso de las redes sociales, el acceso a una ingente cantidad de información y su mayor conciencia de construir un entorno sostenible, junto con la demanda de productos y servicios personalizados, obligan a las empresas a adaptarse a un nuevo contexto."
Estrategias y creación de valor en la empresa: Nuevos retos y nuevas áreas de crecimiento.
Fiel al constante objetivo de crear valor para el cliente identificando nuevas oportunidades de negocio, en el presente artículo se establecen cuatro vías de creación de valor, desarrollando respuestas avanzadas a los nuevos retos, además analizar las capacidades estratégicas necesarias para transformar esas oportunidades en resultados tangibles.
Cuatro vías de creación de valor.
a. Movilidad
“En un solo dispositivo, hoy disponemos de acceso a un espectro de servicios cada vez más amplio, que supera las expectativas de los pronósticos más audaces. Internet móvil ha abierto la ventana de posibilidades y ha penetrado con fuerza en nuestras vidas, dibujando una nueva realidad que es imposible obviar”, afirma Ismael Sancha, responsable de Movilidad de Accenture.
El objetivo de los servicios de movilidad es, precisamente, materializar todas esas posibilidades en beneficios para las organizaciones. Estos servicios se articulan sobre la base de tres propuestas.
La primera de ellas es la consultoría de movilidad, que consiste en la oferta de servicios y tecnología para apoyar a los clientes en el desarrollo de las estrategias que mejor se adapten a sus necesidades de negocio y creen verdadero valor para sus clientes.
La segunda propuesta se refiere a la oferta de servicios de desarrollo de software para aplicaciones móviles. Por su parte, los servicios gestionados de movilidad se prestan desde una plataforma que permite a los clientes lanzar sus ofertas verticales móviles y ampliar la escala de estas de forma rápida y ágil.
Por último, la tercera propuesta consiste en la oferta completa de servicios integrados de movilidad de negocio y tecnología.
b. Cloud computing.
Desde su aparición, las dinámicas competitivas han cambiado. Mientras que las organizaciones más pequeñas o con una capacidad de inversión limitada disponen de un acceso a la tecnología del que antes carecían, las organizaciones más grandes han visto cómo sus beneficios se traducen en la mejora de sus procesos, la reducción de los costes y el incremento de la eficiencia y la agilidad.
Sin embargo, resulta clave trazar un plan para desarrollar una estrategia completa de cloud, totalmente alineada con la de tecnología y de negocio, con el propósito de minimizar el riesgo y obtener el mayor éxito en el traspaso.
Según Manuel López Ordóñez, responsable de Cloud Computing: “En Accenture sabemos cómo ayudar a nuestros clientes a subir a la nube, desde el diseño de la estrategia completa hasta la migración parcial de ciertos elementos de TI, adoptando una estrategia cloud a medida y en la que la tecnología esté totalmente conectada al negocio. Seguridad, fiabilidad, cumplimiento de la normativa e integración son los pilares de nuestra experiencia y capacidad”.
Uno de los proyectos desarrollados por Accenture en una empresa multinacional de fabricación muestra cómo la evolución de su instalación SAP a una infraestructura cloud ha permitido conseguir unos ahorros recurrentes del 25% cada año y reducir el tiempo de despliegue un 40%.
c. Redes inteligentes.
Cada día hay una mayor conciencia de que cuidar el entorno y optimizar los recursos disponibles es una necesidad urgente y una responsabilidad de todos. Hoy más que nunca las ciudades buscan reforzar su imagen de marca y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos. Redes eléctricas inteligentes, edificios inteligentes, energías renovables y ciudades inteligentes son las palancas clave sobre las que hay que actuar para garantizar la sostenibilidad de forma integral.
El concepto de smart network garantiza que las ciudades sean más inteligentes y comprometidas con el medio ambiente, mediante la optimización y la gestión sostenible de los recursos. La propuesta de Accenture en este ámbito comprende los cuatro pilares mencionados. Se trata de que los entornos urbanos dispongan de las tecnologías y las infraestructuras que permitan a todos los agentes involucrados en la gestión de los recursos llevar a cabo mejor sus funciones, una gestión que se verá optimizada por la disponibilidad de mayor información, proporcionada, por ejemplo, a través de las redes eléctricas y los contadores inteligentes.
Otra de las líneas de actuación, dirigida a dotar de inteligencia a los edificios, permitirá reducir la huella de carbono, de la que son los mayores responsables, mediante una combinación de hardware y de software.
En lo que respecta a la generación energética, la apuesta decidida por las energías renovables ayudará a reducir el impacto medioambiental y a hacer que las ciudades sean, en definitiva, más sostenibles y verdes. Acercar la generación eléctrica a los polos de consumo es otra de las cuestiones que se enmarcan el el capítulo de desarrollo de redes inteligentes.
En palabras del responsable de Redes Inteligentes de Accenture, Javiér Cortés: “Dotar de nuevas tecnologías a las ciudades es solo parte de la ecuación de la eficiencia. El reto de la integración supone desarrollar en la ciudad un conjunto de servicios y capacidades para gestionar adecuadamente los recursos naturales, el transporte, los edificios de oficinas y residenciales, la salud, la seguridad, los residuos, la educación, la cultura, el turismo y la Administración Pública.
Se trata de que nuestras ciudades se conviertan en entornos en los que resulte cada vez más agradable vivir, asegurando su sostenibilidad y su eficiencia”.
d. Analytics.
Los avances tecnológicos han dado luz a la creación de herramientas que ayudan en la toma de decisiones y permiten a los responsables tomar la dirección más adecuada para el éxito de sus negocios, basándola en datos reales.
Hablamos de analytics avanzado, un concepto que implica la transformación de esos datos en auténtica información de simulación, predictiva y de optimización para las organizaciones por medio de un análisis matemático.
A las soluciones de analytics avanzado desarrolladas por Accenture, la compañía ha incorporado capacidades clave gracias a la reciente integración de Neo Metrics, una empresa que ocupa una posición de liderazgo en modelos analíticos predictivos y de optimización en España, y que refuerza la apuesta de Accenture por este tema, impulsado con el centro de excelencia inaugurado en Barcelona en mayo del 2011.
Estas herramientas ayudan a las organizaciones a detectar las oportunidades para crecer de manera rentable y a completar las capacidades subjetivas, como la experiencia, la intuición y el criterio, importantes aunque insuficientes en el entorno actual, en el que Internet y las transacciones comerciales son algunas de las fuentes de información que pueden ser analizadas aplicando inteligencia en tiempo real a información masiva (big data).
De esta forma, gracias al uso de técnicas de análisis predictivo, el equipo de dirección de las organizaciones puede tomar hoy decisiones estratégicas y operativas de negocio basadas en criterios objetivos, lo que favorece la creación de una ventaja competitiva en el mercado.
Fuente: José Luis Sancho- Responsable de CRM y Analytics para SPAI, José Luis Flórez- Responsable de Accenture Analytics /Executive Excellence
martes, 1 de enero de 2013
Retos y ventajas de la expatriación de Directivos: Su incidencia en el capital social de la empresa
"Los repatriados pueden seguir siendo un canal de transmisión de conocimiento después de retornar a su país."
Retos y ventajas de la expatriación de Directivos: Su incidencia en el capital social de la empresa.
Aunque parezca un contrasentido, uno de los mayores retos de la expatriación de directivos es su repatriación posterior. Una nueva investigación del profesor del IESE Sebastian Reiche analiza las relaciones de los repatriados con el personal de su anterior unidad, relaciones que el autor denomina "capital social de la unidad de acogida".
Las ventajas de la repatriación.
Las ventajas de la expatriación, impatriación y repatriación para el conocimiento suelen verse desde dos prismas:
1. Transferencia de conocimiento. Las empresas pueden beneficiarse de la movilidad internacional de sus directivos por la transferencia de conocimiento de una unidad a otra. Por ejemplo, los repatriados pueden aprovechar su experiencia en el extranjero para proponer mejoras al volver a su país.
2. Aprendizajes de la expatriación. A su vuelta del extranjero, el repatriado puede beneficiarse personalmente aplicando en su nuevo puesto lo que ha aprendido y vivido allí.
A pesar de estas posibles ventajas, cuando llega el momento de volver a casa, los ejecutivos a menudo desconocen qué función desempeñarán, lo que puede derivar en un "conflicto de funciones" y frecuentes cambios de trabajo.
El cambio de función puede hacer que el aprendizaje adquirido no baste para desempeñar su nuevo trabajo a la vuelta. Esto podría obligarles a mantener el contacto con la unidad de procedencia en el extranjero para adquirir nuevos conocimientos relevantes, especialmente si estaban destinados en la sede central de la empresa.
Por tanto, los repatriados pueden seguir siendo un canal de transmisión de conocimiento después de retornar a su país.Por este motivo, Reiche identifica dos ventajas relacionadas con la unidad de procedencia de los repatriados:
a. Acceso continuado al conocimiento de esta unidad en el extranjero, que puede beneficiar al repatriado.
b. Transferencia de conocimiento de esta unidad a los compañeros de la nueva unidad del repatriado, lo que puede beneficiar a la empresa.
La importancia del capital social.
Reiche sostiene que uno de los factores clave que permite a los repatriados intercambiar conocimiento es el capital social que acumulan durante su estancia en el extranjero, el cual, a su vez, les permite acceder a información e influir.
Además de facilitar su adaptación cultural, los vínculos sociales que forjan los repatriados en el extranjero pueden conectar recursos que antes no lo estaban, lo que propicia el intercambio de conocimiento entre la nueva y la anterior unidad de estos empleados.
Un elemento clave para propiciar este intercambio es el apoyo que los repatriados creen recibir por parte de la empresa. La percepción de cómo la organización valora su aportación y se preocupa por su bienestar influye de manera decisiva en su capacidad para readaptarse e intercambiar conocimiento.
Uno de los hallazgos de Reiche es que, tras la repatriación, existe una relación positiva entre el capital social estructural que el empleado forjó en su anterior unidad y su posterior acceso al conocimiento de dicha unidad, así como entre el capital social relacional generado y el acceso y transferencia de ese conocimiento.
Implicaciones para la dirección.
Los hallazgos de Reiche tienen numerosas implicaciones prácticas para las multinacionales.
En primer lugar, indican que las ventajas de los vínculos sociales que forjan los repatriados perduran más allá de su estancia en el extranjero, lo que permite un flujo de conocimiento permanente entre las unidades de la empresa.
Por ello es importante que las multinacionales ayuden a los empleados que son destinados a otro país a establecer vínculos sociales con el personal de su nueva unidad; por ejemplo, mediante programas de iniciación y otras técnicas de socialización.
Segundo, las empresas deben crear entornos de trabajo que fomenten el sentimiento de pertenencia a la empresa, no solo entre el personal de la unidad de destino, sino también entre los impatriados y expatriados.
Por último, las multinacionales han de mejorar las relaciones de su personal. En este sentido, los flujos de conocimiento se beneficiarían si las empresas impulsaran la labor de los mentores al destinar a alguien a otro país. Estas personas pueden ser una fuente explícita de nuevo capital social; por ejemplo, incorporando a sus pupilos a una red de contactos.
Pero si los contactos de los expatriados dejan la empresa o cambian de departamento, el capital social de su unidad, así como sus activos, pueden perder valor. Por ello es necesario actualizar el capital social de forma constante. Una opción es establecer una elevada rotación de expatriados.
El apoyo tiene premio.
Reiche destaca el papel del apoyo organizacional en el intercambio de información y recursos en las multinacionales y explica cuándo y cómo ejercitarlo para beneficiarse de las ventajas de la repatriación.
Los programas de desarrollo profesional, expatriación y repatriación pueden reducir la dependencia del capital social estructural de origen si promueven el acceso y transferencia de conocimiento de la unidad en el extranjero. A su vez, esto puede generar un flujo de conocimiento permanente entre las distintas unidades.
Este apoyo es especialmente importante en los traslados por cortos periodos de tiempo, en los que se dispone de poco tiempo para forjar vínculos sociales fuertes. Y lo mismo sucede en contextos culturales muy diferentes. En estos casos, las multinacionales deben estudiar mejor la planificación y ejecución de sus prácticas de apoyo.
Fuente:B. Sebastian Reiche/ IESE Insight
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