La actividad comercial internacional debe ser entendida y gestionada con una nueva mentalidad, surgida de la constante adaptación al cambio, el profundo análisis de los factores que inciden en el proceso y la aplicación del pensamiento estratégico a la toma de decisiones.
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miércoles, 18 de marzo de 2020
Coronavirus y Nuevo Orden Económico Mundial
Cabría preguntarse si nos encontramos ante una situación única y extraordinaria que implicaría el fin o, cuando menos, el cambio radical de la actual visión y planteamiento de los paradigmas asociados al funcionamiento del ecosistema global … algo que, sin duda, terminaría por afectar directamente a la economía y a los intercambios comerciales.
Una nueva percepción del mundo surgida de las incertidumbres y dudas que están afectando tanto a naciones como a sus respectivos gobiernos, instituciones, empresas y ciudadanos.
Así las cosas parece evidente que la extrema gravedad y repercusiones de la actual situación sanitaria global y las consecuencias imprevisibles de la crisis asociada a la pandemia del coronavirus -así ha sido calificada por la OMS- van a generar un cambio radical de la visión actual del mundo.
Nada puede ni va a continuar siendo igual, lo que nos obliga a encaminarnos, inexorablemente, hacia un nuevo sistema y orden económico mundial surgido de un obligado replanteamiento de la acción de los gobiernos -nacionales o supranacionales- , de la actividad de las instituciones internacionales y de las formas de entender y gestionar la empresa y los negocios.
lunes, 22 de abril de 2019
Nuevo retroceso de los intercambios comerciales internacionales
La última decisión adoptada por el gobierno de los EE.UU provoca el aumento de las incertidumbres,, la inestabilidad y la volatilidad del escenario global de los negocios. A la actual situación, ya de por sí compleja, hay que añadir el inicio de una guerra comercial que USA-UE que tiene su origen en el establecimiento de nuevos aranceles a las exportaciones de productos UE a territorio americano por valor de 11.000 millones de dólares y la consecuente respuesta de las instituciones europeas a dicha medida.
EEUU considera que se están concediendo subvenciones ilegales a la empresa aeronáutica Airbus, lo que afecta a sus intereses comerciales en el sector, cuando el país también concede ayudas públicas a Boeing. Una nueva lucha de gigantes y todo un despropósito en forma de guerra comercial que ahora tendrá que ser resuelta en el seno de OMC...y mientras la ralentización del comercio mundial sigue su inexorable camino en perjuicio de gobiernos, empresas y ciudadanos.
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jueves, 10 de enero de 2019
Eliminación de barreras al comercio internacional y efectos del proceso globalizador en el consumidor
En este escenario global en el que vivimos la adopción e imposición de medidas proteccionistas por parte de los gobiernos perjudica a todos los actores que intervienen en la actividad internacional, además de ralentizar los intercambios y el consiguiente crecimiento económico de las naciones. A sensu contrario la progresiva liberación de la actividad y el desarrollo imparable de un ecosistema global –aunque con defectos– genera beneficios que repercuten en el consumidor final.
¿En qué medida? la globalización produce un aumento de la oferta de productos y servicios en el mercado, genera una reducción generalizada de los precios, debido al aumento progresivo de la competencia. Igualmente la calidad y variedad de la oferta mejora sustancialmente, prestando las empresas una mayor atención al servicio de atención al cliente. En definitiva, el consumidor final cuenta con mayor y mejor información sobre productos y servicios lo que le permite constituirse en el verdadero objetivo de la actividad empresarial, obligada a generar valor, a crear ventajas competitivas y a buscar la excelencia de forma continua.
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martes, 30 de octubre de 2018
A propósito de la seguridad jurídica, la globalización, los mercados y la empresa
A propósito de la seguridad jurídica como elemento primordial e insustituible para el desarrollo, la generación de riqueza y el crecimiento de las naciones: Una economía global y moderna no puede funcionar sin regulación y, al mismo tiempo, se puede estancar con una regulación pobre y engorrosa.
En este sentido los retos a los que se enfrentan los gobiernos y las administraciones del siglo XXI pasan por recorrer este estrecho camino identificando las regulaciones que son buenas y necesarias, y evitando aquellas que ralentizan los intercambios, impiden y obstaculizan el normal funcionamiento de la empresa e imponen, erróneamente, barreras a la productividad, a la competitividad internacional y a la captación de la tan necesaria inversión extranjera.
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jueves, 1 de diciembre de 2016
Firmeza y flexibilidad: El difícil equilibrio para superar los grandes retos globales ... un debate vivo que no ha hecho más que empezar
"Globalización, incertidumbre...nadie dijo que la lucha contra los grandes retos fuera fácil, pero vale la pena plantarles cara".
Firmeza y flexibilidad: El difícil equilibrio para superar los grandes retos globales...un debate vivo que no ha hecho más que empezar.
Cambio climático, pobreza, crisis migratoria, escasez de agua... Algunos problemas incluyen tantos obstáculos y son tan complejos que requieren nuevas formas de colaboración entre las personas, las empresas y los gobiernos.
El profesor del IESE Fabrizio Ferraro, Dror Etzion y Joel Gehman alertan de que, aunque es tentador afrontarlos con los marcos concebidos para dirigir empresas, estos resultan insuficientes por la complejidad de los grandes retos globales. L
Los autores repasan el trabajo de los pragmáticos estadounidenses y luego se centran en el concepto sociológico de la "acción enérgica" (conocido en inglés como robust action) para ofrecer tres estrategias que permitan hacerles frente.
Las tres caras de los grandes retos.
En primer lugar destacan los tres atributos principales de lo que ellos consideran grandes retos, que son complejos, inciertos y admiten diversas valoraciones. Y recurren al cambio climático como ejemplo para explicarlos:
1. Complejos: Los grandes retos se caracterizan por involucrar a una gran cantidad de actores que lidian con temas que evolucionan, se superponen y mutan. En este contexto dinámico, las consecuencias imprevistas son habituales.
Pongamos por caso la utilización de maíz para producir etanol, que inicialmente se promovió con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto fue tildado posteriormente por un experto en alimentación de Naciones Unidas de "crimen contra la humanidad" porque implicaba que ese maíz no se destinaba a alimentar a los pobres.
Las soluciones pueden revelar más aspectos del problema o incluso crear otros, obligando a quienes toman las decisiones a replanteárselo todo desde el principio.
2. Inciertos: Los grandes retos se caracterizan también por una extrema incertidumbre. Los científicos no pueden predecir con precisión el alcance del cambio climático. Las previsiones, en cuanto al aumento del nivel del mar, por ejemplo, oscilan entre los 0,28 y los 0,90 metros, mientras que el ascenso de la temperatura para final de siglo se prevé entre los 1,5º C y los 4º C.
3. Valorados de distintas maneras: Los diferentes actores pueden hacer valoraciones muy diferentes de los grandes retos, ya que rebasan disciplinas y fronteras. Por ejemplo, el cambio climático puede verse como un problema ético y moral del que culpar a las naciones ricas por su excesivo consumo y producción.
Pero también puede considerarse como un fallo de los gobiernos o incluso como un problema menor que puede resolverse con ingenio. Ninguno de estos puntos de vista es totalmente acertado o erróneo. Aun así, las valoraciones por sí mismas son relevantes de cara a afrontar el reto del cambio climático.
Un repaso al pragmatismo estadounidense.
Teniendo en cuenta que el pragmatismo estadounidense nació a raíz de la Guerra de Secesión, un tiempo de grandes cambios e incertidumbre, no sorprende que se le vuelva a prestar atención en una época globalmente tumultuosa.
Ante los grandes retos pendientes de resolver, parece oportuna la perspectiva de los pragmáticos según la cual "los seres humanos son resolutivos y la función del pensamiento es guiar la acción al servicio de la solución de problemas prácticos" (cita del sociólogo Neil Gross).
En el pragmatismo estadounidense, los actores experimentan. En lugar de guiarse por un conjunto predeterminado de creencias y preferencias, plantean hipótesis a partir de una serie de medios y fines para elegir un curso de acción, y luego lo ajustan en función de los resultados obtenidos.
Los tribunales de drogas en Estados Unidos y la Directiva Marco del Agua (DMA) de la Unión Europea son algunos de los casos de éxito documentados internacionalmente que se guían por estos principios. Pero son casos en los que el protagonismo recae en el Estado. Y los pragmáticos no especifican cómo otros grupos de interés y organizaciones no gubernamentales pueden desarrollar procesos destinados a resolver grandes retos.
¿Ha llegado la hora de una acción firme?.
El concepto sociológico de "acción firme" resulta útil en los tiempos tumultuosos que corren, ya que mantiene las opciones abiertas, incluso cuando algunos implicados tratan de cerrar puertas para reducirlas.
El concepto surgió a partir de un estudio sobre jugadores de ajedrez que concluyó que los mejores eran aquellos capaces de perseverar en una estrategia pero con la flexibilidad necesaria para adaptarse a los movimientos de sus contrincantes.
A partir de la investigación sociológica, los autores definen "acción firme" como "el conjunto de acciones que mantienen las futuras líneas de actuación abiertas en contextos estratégicos donde los oponentes tratan de reducirlas". Además, consideran que no se tiene suficientemente en cuenta a la hora de afrontar los grandes retos y destacan las tres áreas principales donde podría aplicarse:
1. Arquitectura participativa: Un espacio para todo el mundo. La idea es permitir que diversos actores interactúen de forma constructiva durante periodos de tiempo prolongados. La Global Reporting Initiative (GRI) es un buen ejemplo de ello. Esta organización inclusiva es la responsable de desarrollar y actualizar un estándar para la elaboración de informes sobre sostenibilidad e involucra a empresas, activistas, organizaciones no gubernamentales y otros grupos de interés.
2. Inscripción de múltiples voces: Participación y coordinación sin necesidad de consenso. Las organizaciones deben adoptar principios que acepten diferentes interpretaciones para coordinar los esfuerzos a pesar de la falta de consenso. Uno de los beneficios de esto es unificar culturalmente a diversos actores y ocuparse mejor de los intereses en conflicto.
Esta idea es evidente en los Principios de Inversión Responsable (PRI, según sus siglas en inglés), apoyados por Naciones Unidas, que valoran tanto los deberes fiduciarios como la alineación de las prácticas de inversión con los intereses sociales, apelando así a los inversores convencionales, a los Gobiernos y a las organizaciones no gubernamentales por igual (todas ellas comunidades con diferentes criterios de evaluación).
En última instancia, los PRI pretenden realinear el sistema financiero con los intereses generales de la sociedad, sin necesidad de un consenso explícito. Una inscripción de múltiples voces creíble solo puede ser practicada por una entidad que también tenga una naturaleza contradictoria, que sea ambigua realmente y no solo sienta empatía por la ambigüedad de los demás.
3. Experimentación repartida: Permitir pequeñas victorias para impulsar los esfuerzos. Las iniciativas tendrían que promover el aprendizaje y fomentar el compromiso, y los esfuerzos fracasados deberían dejarse de lado. Las políticas regionales sobre el cambio climático ofrecen ejemplos de éxito cuando abren nuevos espacios para la discusión pública y amplían el abanico de grupos de interés que se implican.
Cooperación y pragmatismo.
Ferraro, Etzion y Gehman encuentran un punto débil clave en la investigación previa: La falta de reconocimiento de los diferentes puntos de vista entre los grupos implicados.
Con este punto débil en mente, han encontrado un sentido a la acción firme, ya que pretende fomentar la cooperación entre múltiples partes con diferentes intereses y puntos de vista
"Al aplicar la acción firme para afrontar los grandes retos, abogamos por un enfoque más participativo y menos heroico; más ambiguo y menos prescriptivo; más experimental y menos dirigido; tal vez menos intuitivo, pero, con suerte, más eficaz".
Fuente: Fabrizio Ferraro, Dror Etzion y Joel Gehman/ IESE Insight.
Firmeza y flexibilidad: El difícil equilibrio para superar los grandes retos globales...un debate vivo que no ha hecho más que empezar.
Cambio climático, pobreza, crisis migratoria, escasez de agua... Algunos problemas incluyen tantos obstáculos y son tan complejos que requieren nuevas formas de colaboración entre las personas, las empresas y los gobiernos.
El profesor del IESE Fabrizio Ferraro, Dror Etzion y Joel Gehman alertan de que, aunque es tentador afrontarlos con los marcos concebidos para dirigir empresas, estos resultan insuficientes por la complejidad de los grandes retos globales. L
Los autores repasan el trabajo de los pragmáticos estadounidenses y luego se centran en el concepto sociológico de la "acción enérgica" (conocido en inglés como robust action) para ofrecer tres estrategias que permitan hacerles frente.
Las tres caras de los grandes retos.
En primer lugar destacan los tres atributos principales de lo que ellos consideran grandes retos, que son complejos, inciertos y admiten diversas valoraciones. Y recurren al cambio climático como ejemplo para explicarlos:
1. Complejos: Los grandes retos se caracterizan por involucrar a una gran cantidad de actores que lidian con temas que evolucionan, se superponen y mutan. En este contexto dinámico, las consecuencias imprevistas son habituales.
Pongamos por caso la utilización de maíz para producir etanol, que inicialmente se promovió con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto fue tildado posteriormente por un experto en alimentación de Naciones Unidas de "crimen contra la humanidad" porque implicaba que ese maíz no se destinaba a alimentar a los pobres.
Las soluciones pueden revelar más aspectos del problema o incluso crear otros, obligando a quienes toman las decisiones a replanteárselo todo desde el principio.
2. Inciertos: Los grandes retos se caracterizan también por una extrema incertidumbre. Los científicos no pueden predecir con precisión el alcance del cambio climático. Las previsiones, en cuanto al aumento del nivel del mar, por ejemplo, oscilan entre los 0,28 y los 0,90 metros, mientras que el ascenso de la temperatura para final de siglo se prevé entre los 1,5º C y los 4º C.
3. Valorados de distintas maneras: Los diferentes actores pueden hacer valoraciones muy diferentes de los grandes retos, ya que rebasan disciplinas y fronteras. Por ejemplo, el cambio climático puede verse como un problema ético y moral del que culpar a las naciones ricas por su excesivo consumo y producción.
Pero también puede considerarse como un fallo de los gobiernos o incluso como un problema menor que puede resolverse con ingenio. Ninguno de estos puntos de vista es totalmente acertado o erróneo. Aun así, las valoraciones por sí mismas son relevantes de cara a afrontar el reto del cambio climático.
Un repaso al pragmatismo estadounidense.
Teniendo en cuenta que el pragmatismo estadounidense nació a raíz de la Guerra de Secesión, un tiempo de grandes cambios e incertidumbre, no sorprende que se le vuelva a prestar atención en una época globalmente tumultuosa.
Ante los grandes retos pendientes de resolver, parece oportuna la perspectiva de los pragmáticos según la cual "los seres humanos son resolutivos y la función del pensamiento es guiar la acción al servicio de la solución de problemas prácticos" (cita del sociólogo Neil Gross).
En el pragmatismo estadounidense, los actores experimentan. En lugar de guiarse por un conjunto predeterminado de creencias y preferencias, plantean hipótesis a partir de una serie de medios y fines para elegir un curso de acción, y luego lo ajustan en función de los resultados obtenidos.
Los tribunales de drogas en Estados Unidos y la Directiva Marco del Agua (DMA) de la Unión Europea son algunos de los casos de éxito documentados internacionalmente que se guían por estos principios. Pero son casos en los que el protagonismo recae en el Estado. Y los pragmáticos no especifican cómo otros grupos de interés y organizaciones no gubernamentales pueden desarrollar procesos destinados a resolver grandes retos.
¿Ha llegado la hora de una acción firme?.
El concepto sociológico de "acción firme" resulta útil en los tiempos tumultuosos que corren, ya que mantiene las opciones abiertas, incluso cuando algunos implicados tratan de cerrar puertas para reducirlas.
El concepto surgió a partir de un estudio sobre jugadores de ajedrez que concluyó que los mejores eran aquellos capaces de perseverar en una estrategia pero con la flexibilidad necesaria para adaptarse a los movimientos de sus contrincantes.
A partir de la investigación sociológica, los autores definen "acción firme" como "el conjunto de acciones que mantienen las futuras líneas de actuación abiertas en contextos estratégicos donde los oponentes tratan de reducirlas". Además, consideran que no se tiene suficientemente en cuenta a la hora de afrontar los grandes retos y destacan las tres áreas principales donde podría aplicarse:
1. Arquitectura participativa: Un espacio para todo el mundo. La idea es permitir que diversos actores interactúen de forma constructiva durante periodos de tiempo prolongados. La Global Reporting Initiative (GRI) es un buen ejemplo de ello. Esta organización inclusiva es la responsable de desarrollar y actualizar un estándar para la elaboración de informes sobre sostenibilidad e involucra a empresas, activistas, organizaciones no gubernamentales y otros grupos de interés.
2. Inscripción de múltiples voces: Participación y coordinación sin necesidad de consenso. Las organizaciones deben adoptar principios que acepten diferentes interpretaciones para coordinar los esfuerzos a pesar de la falta de consenso. Uno de los beneficios de esto es unificar culturalmente a diversos actores y ocuparse mejor de los intereses en conflicto.
Esta idea es evidente en los Principios de Inversión Responsable (PRI, según sus siglas en inglés), apoyados por Naciones Unidas, que valoran tanto los deberes fiduciarios como la alineación de las prácticas de inversión con los intereses sociales, apelando así a los inversores convencionales, a los Gobiernos y a las organizaciones no gubernamentales por igual (todas ellas comunidades con diferentes criterios de evaluación).
En última instancia, los PRI pretenden realinear el sistema financiero con los intereses generales de la sociedad, sin necesidad de un consenso explícito. Una inscripción de múltiples voces creíble solo puede ser practicada por una entidad que también tenga una naturaleza contradictoria, que sea ambigua realmente y no solo sienta empatía por la ambigüedad de los demás.
3. Experimentación repartida: Permitir pequeñas victorias para impulsar los esfuerzos. Las iniciativas tendrían que promover el aprendizaje y fomentar el compromiso, y los esfuerzos fracasados deberían dejarse de lado. Las políticas regionales sobre el cambio climático ofrecen ejemplos de éxito cuando abren nuevos espacios para la discusión pública y amplían el abanico de grupos de interés que se implican.
Cooperación y pragmatismo.
Ferraro, Etzion y Gehman encuentran un punto débil clave en la investigación previa: La falta de reconocimiento de los diferentes puntos de vista entre los grupos implicados.
Con este punto débil en mente, han encontrado un sentido a la acción firme, ya que pretende fomentar la cooperación entre múltiples partes con diferentes intereses y puntos de vista
"Al aplicar la acción firme para afrontar los grandes retos, abogamos por un enfoque más participativo y menos heroico; más ambiguo y menos prescriptivo; más experimental y menos dirigido; tal vez menos intuitivo, pero, con suerte, más eficaz".
Fuente: Fabrizio Ferraro, Dror Etzion y Joel Gehman/ IESE Insight.
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domingo, 16 de junio de 2013
Mundo global y deslocalización 2.0: ¿Está listo para la nueva oleada?

“Disponer de flexibilidad geográfica es hoy en día una ventaja tan importante como lo fue, por ejemplo, durante la época de las colonias americanas. Hay mucho que ganar de los ejecutivos con experiencia y de los trabajadores flexibles y, subsiguientemente, de la sociedad en general”.
Mundo global y deslocalización 2.0: ¿Está listo para la nueva oleada?.
Si se tiene en cuenta que los recursos y capacidades únicos son más importantes que nunca, la competencia se basa cada vez más en el conocimiento, la habilidad para localizar y retener buenos talentos es esencial.
Las empresas que sean más capaces de gestionar la nueva generación de localización global tendrán más posibilidades de éxito a largo plazo. Pero, ¿por dónde deberían empezar?
El profesor del IESE Joan E. Ricart y sus colegas Pablo Agnese, Niccolò Pisani y Tunji Adegbesan ayudan a los directivos a gestionar los retos organizativos que surgen de tener que coordinar a los trabajadores del conocimiento dispersados geográficamente.
La deslocalización de servicios.
La llegada de Internet y del teletrabajo ha creado una nueva oleada de deslocalización: la deslocalización de servicios. Las empresas tienen la posibilidad de reubicar en cualquier parte del mundo procesos que, hasta hace poco, se consideraban clásicos trabajos de oficina que solamente podían realizarse en casa. Esto ofrece a las empresas la posibilidad de utilizar una plantilla de bajo coste con trabajadores con un gran nivel de formación.
Según los autores, “desde una perspectiva directiva, los servicios producen un atractivo adicional para competir por el talento a nivel mundial, que va más allá de los análisis de los costes/beneficios a corto plazo. Gracias al rápido desarrollo y al carácter dinámico de la deslocalización de servicios, las empresas tienen más posibilidades de desarrollar sus propias capacidades y de encargarse de sus estrategias desde un punto de vista global”.
La deslocalización de servicios no es tan visible como la deslocalización de la producción convencional. Las fábricas no se cierran repentinamente, sino que se llevan a cabo procesos de reubicación graduales.
Aunque en un principio esta segunda oleada de deslocalización estaba limitada a la migración de los centros de contacto y de las funciones administrativas e informáticas, en la actualidad se incluyen actividades de desarrollo de productos como, por ejemplo, I+D, diseño de producto y servicios de ingeniería.
“La reubicación de estas actividades, consideradas tradicionalmente como las actividades cruciales que generan más valor para la mayoría de las empresas, representa un importante cambio relacionado con la ubicación geográfica que afecta a la organización de las empresas”.
El debate socioeconómico.
Es necesario desmitificar la relación negativa entre la deslocalización y la pérdida de empleo: “al contrario de lo que se cree, los efectos de la deslocalización sobre el empleo neto son insignificantes”.
Aunque la deslocalización ejerce un impacto negativo directo sobre el empleo, también produce un impacto positivo indirecto en las mejoras de la productividad. “El lado positivo de este tema es que, con la deslocalización de servicios, los efectos directos sobre el empleo son menos extremos, ya que se espera que los trabajadores altamente especializados se adapten con más facilidad a los requisitos de las nuevas oportunidades laborales.”
Además, los efectos positivos de la productividad se pueden obtener tanto de la deslocalización tradicional como también, en mayor medida, de la nueva deslocalización de servicios. Como consecuencia, en la deslocalización de servicios, los efectos sobre el empleo son menos agresivos.
De hecho, la deslocalización de servicios puede promover que se lleven a cabo mejoras en las actividades dentro del propio país, enriqueciendo así su productividad y abriendo la puerta a muchos trabajos “deslocalizables” para un futuro.
Cómo gestionar la nueva deslocalización.
En este mundo global y complejo es aconsejable gestionar la nueva oleada de deslocalización atendiendo a los tres grupos implicados: gobiernos, empresas y empleados.
En primer lugar, los gobiernos deben tener cuidado para no dificultar lo que ellos llaman “proceso económico natural”.
“Si los gobiernos descuidan la deslocalización, otros países que experimenten un aumento del empleo acabarán aumentando su demanda de bienes y servicios, la mayoría de los cuales se producirán en el extranjero, y algunos de ellos incluso se producirán en el país donde estas actividades hayan sido reubicadas. A fin de producir estos nuevos bienes y servicios y cumplir con el aumento de la demanda internacional, se necesitará más mano de obra.”
En el caso de las empresas, la deslocalización debe considerarse como parte integral de la estrategia global de una empresa. Si no, estas podrían perder terreno a favor de aquellas otras empresas que estén más dispuestas a tener en cuenta la deslocalización.
Las empresas también deben mostrarse flexibles y eficientes a la hora de gestionar su plantilla de trabajadores. Aquellas empresas que dedican tiempo y recursos con la finalidad de encontrar la estrategia correcta para poder instruir y formar a sus trabajadores tienen más ventajas cuando llega el momento de deslocalizar.
“La formación continua, la planificación previa de la trayectoria profesional, las perspectivas profesionales del personal y la ampliación de las aptitudes son sólo algunas de las posibles estrategias que pueden ayudar a las empresas y a sus trabajadores a adaptarse a la nueva realidad que surge de la deslocalización.”
En este sentido es relevante el aspecto de la adaptación: Aquellos trabajadores que puedan sufrir el estigma de la deslocalización deben ser flexibles.
“Disponer de flexibilidad geográfica es hoy en día una ventaja tan importante como lo fue, por ejemplo, durante la época de las colonias americanas. Hay mucho que ganar de los ejecutivos con experiencia y de los trabajadores flexibles y, subsiguientemente, de la sociedad en general.”
Fuente: Joan E. Ricart; Pablo Agnese, Niccolò Pisani y Tunji Adegbesan/ IESE Insight
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