"La carrera no la gana el que más corre, si no el que mejor frena". JM Fangio
Slow product, fast growth: El ejemplo del visionario Steve Jobs en Apple.
Una de las mayores contribuciones de Steve Jobs, fue realizada por el genio empresarial tras su regreso a Apple, después de haber sido despedido por John Sculley: Decidió reducir drásticamente el número de referencias comerciales y programas de investigación (superaban de largo la centena), hasta dejarlo en un número inferior a diez.
Paradójicamente en medio de una crisis donde Apple necesitaba la mayor cantidad de ingresos posibles, Jobs eliminó cientos de referencias comerciales (posibles ingresos) para centrarse en solo unas pocas y dedicarles a ellas la mayor atención y tiempo posibles.
Hizo lo mismo con la concepción, uso y diseño de los productos Apple; todos ellos fueron sometidos a una reducción minimalista de sus atributos externos, eliminando todo el “ruido” formal posible, para centrarse en aquellos atributos que realmente aportaban valor y transmitían la esencia de una filosofía.
En un momento en el que las empresas estaban focalizadas en aumentar su diversidad comercial y tecnológica lanzando grandes cantidades de referencias al mercado (apoyados por los bajos costes obtenidos en Asia), Jobs inició el movimiento contrario: Ralentizó drásticamente la velocidad y número de referencias a comercializar y recurrió a Asia no para obtener el precio más bajo posible, si no para obtener la mayor calidad posible.
Donde unos buscaban costes, diversificación, productos de rápido éxito y valor de atributos, Jobs buscaba mayores prestaciones, tecnologías amortizadas, focalización, plataformas de soluciones y valor evolutivo para la sociedad.
El resultado de esta “estrategia a la contra” efectuada es conocido por todos. Tras su aplicación, Apple inició un movimiento de inflexión en su caída libre, mejorando constantemente sus resultados y asentando unas estrategias que garantizan la sostenibilidad y crecimiento a largo plazo de la compañía, así como el liderazgo de la misma en diferentes sectores de mercado.
Slow product y creación de valor.
Jobs fue el creador del movimiento Slow Product; en una inflexión genial de la velocidad de concepción, número de referencias y concepción “zen” de sus productos, y consiguió el tiempo, el foco y los recursos necesarios para centrarse en crear valor real, no sólo en sus productos, si no en la experiencia resultante de tratar el producto, los servicios y los consumibles como una única cosa.
Apple no utiliza sus potentes recursos económico para crear más y más referencias; sino que dedica todo su potencial en focalizarse y centrarse en aplicar una filosofía de vida que hace de sus productos algo original y difícil de plagiar, se centra en el valor real y en producir una evolución social. No busca satisfacer nuevas necesidades, se centra en solucionar las necesidades de siempre del modo más sofisticado y fácil de entender que sus medios le permiten.
Este concepto de Slow Product, no tiene nada de regresivo en lo social ni en lo económico, más bien al contrario (tal y como los resultados de la compañía indican); es herencia del artesano antiguo, aquel que se centra en producir muy pocas cosas, pero aplica en ellas todo el conocimiento que ha heredado de sus antecesores; es herencia del tendero de barrio, aquel que está próximo a sus clientes, les escucha y conoce sus necesidades antes que ellos se las indiquen; es herencia de una visión filosófica que nos da el sentido de las cosas y nos muestra sus límites.
Fast product o el falso concepto del producto
En paralelo al concepto de Slow Product, muchas empresas se han lanzado a una alocada carrera por lanzar al mercado más y más productos (Fast Product), muchos de ellos falsamente nuevos, de los que solo se cambian atributos externos, banalizando el contenido por un falso continente innovador.
Esta rapidez esquizofrénica ha cambiado las reglas de las amortizaciones industriales, dejando a la industria sin tiempo material para conseguirlas. La velocidad no permite asentar verdaderas plataformas y categorías en los mercados y el margen obtenido en la venta de los productos no es suficiente para garantizar un I+D+i sostenible ni un posicionamiento correcto de las marcas. Todo lo contrario de lo conseguido por Apple y sus plataformas de producto/servicio.
Conclusión.
La velocidad implantada en los mercados nos está conduciendo a un auténtico disparate regresivo, merece la pena frenar y replantearse las reglas del juego. La cita del famoso campeón de fórmula 1, Juan Manuel Fangio es muy clarificadora: “No gana la carrera el que más corre, si no el que mejor frena”; algo que Steve Jobs aprendió muy bien tras la cura de humildad a la que le sometió Sculley.
Fuente: Antoni Flores/ Managers Magazine
La actividad comercial internacional debe ser entendida y gestionada con una nueva mentalidad, surgida de la constante adaptación al cambio, el profundo análisis de los factores que inciden en el proceso y la aplicación del pensamiento estratégico a la toma de decisiones.
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martes, 24 de junio de 2014
Slow product, fast growth: El ejemplo del visionario Steve Jobs en Apple
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domingo, 27 de mayo de 2012
Aprendiendo a diferenciarse en entornos adversos: El decálogo del slow product
"La velocidad implantada en los mercados nos está conduciendo a un auténtico disparate regresivo. Merece la pena frenar y replantearse las reglas del juego del desarrollo."
Aprendiendo a diferenciarse en entornos adversos: El decálogo del slow product
Debemos eliminar el mayor ruido posible de nuestras propuestas, focalizarnos en la generación de valor perdurable y en la relación con el cliente. Solo así nuestras propuestas de producto sobrevivirán.
A continuación se analiza, en un resumen, el decálogo las bases del Slow Product, concepto desarrollado en el artículo Slow Product, Fast Growth
1-No desarrolles productos, construye plataformas: Es pura economía del esfuerzo; cada nuevo producto aprovecha en gran medida el conocimiento y el esfuerzo del anterior.
2-Se evolutivo, no disruptivo: Las grandes disrupciones se consiguen con continuas evoluciones; pura teoría de la evolución de Darwin.
3-Establece relaciones a largo plazo: El producto ofrece la prestación de un servicio mediante el empleo de un consumible, juntos conforman el ecosistema del valor. Lo más costoso es conseguir el primer contacto con un cliente, hay que fidelizarlo.
4-Elimina el ruido: Céntrate en todo lo que comunica el valor esencial, elimina el resto. Máxima economía del esfuerzo para una mejor comprensión del valor.
5-Se fiel a la filosofía: Sin filosofía un producto no tiene alma. No todo vale, los consumidores tenemos memoria histórica de las expectativas no cumplidas.
6-Hazlo atemporal: La moda en el producto es un arma de doble filo; te sitúa rápido y te banaliza más rápido. Ten sentido de la trascendencia.
7-Menos es más: A menor número de referencias, mayor atención le podrás dedicar. A mayor foco, más valor.
8-Hazlo simple: Lo simple es bello, fácil de comprender y asimilar; lo simple evoluciona, lo complejo colapsa.
9-No engañes: El peso justo, el volumen justo, las prestaciones necesarias, las formas lógicas, los materiales adecuados. Acepta el reto de generar valor continuamente.
10-Encuentra tu lugar en el mundo: No desfallezcas hasta encontrar tu lugar natural en los mercados, nunca pretendas ocupar el lugar de otro, no serás creíble. Cuando lo encuentres, dile a todo el mundo que es tuyo.
Fuente: Antoni Flores/ Managers Magazine
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