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domingo, 14 de julio de 2019

Valor y significado estratégico de la marca en la empresa del siglo XXI



Acabaron ya los tiempos en los que la marca era considerada y entendida, exclusivamente, como un simple logo que pretende transmitir la imagen de la compañía. La marca es el intangible de mayor valor en cualquier organización, constituyendo el elemento primordial para hacer crecer su reputación, difusión y reconocimiento o, por contra, el que puede terminar por hundirla en el abismo... todo depende de la coherencia con la que se maneje y comunique.

Por todo ello, es conveniente recordar que la marca no es otra cosa que el know-how de una promesa - a cumplir siempre- sobre una experiencia que se ha convertido en una realidad... y es ahí donde entra en juego "la verdad" como soporte estratégico único y fundamento para destacar y ser diferente de la competencia.

Un cliente o potencial consumidor puede perdonar errores por parte de la compañía - siempre se puede subsanar- , pero lo que no aceptará, ni olvidará nunca es la mentira... y en un sistema de libre mercado es muy sencillo encontrar alternativas.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Diferenciándose de la competencia: Haga de su marca algo más que un logo



"Un buen nombre hace mucho por una marca, pero no más que un buen servicio de venta, que puede perdurar en la memoria de un consumidor mucho tiempo. El impacto del nombre, el logo y los colores pueden percibirse a primera vista."

Diferenciándose de la competencia: Haga de su marca algo más que un logo.

Más allá de estos elementos intrínsecos a la marca, existen diversos factores externos que también configuran su valor. El profesor del IESE Juan Manuel de Toro, junto a Carlos Pérez y la asistente de investigación Marta Mira, identifican seis elementos externos que contribuyen al valor de la marca: el producto, el precio, la segmentación de mercado, la publicidad, la distribución y la red de ventas.

Las empresas necesitan conseguir productos líderes. Para ello es necesario invertir en herramientas comerciales, como estudios de mercado y métodos de análisis que recojan la opinión de los consumidores. La presión por los resultados a corto plazo no debe hacer olvidar a las empresas que la base de una marca líder es un producto líder y que el producto es el embajador de la marca. No existe quimera más irrealizable que construir el valor de una marca con un producto de mala calidad.

El pacto del precio.

Gestionar una marca de forma adecuada es, básicamente, conseguir que los consumidores compren más. Y la determinación del coste del producto, para conseguir este objetivo, es un factor clave que no puede gestionarse de manera aislada. Es parte del contrato que se establece entre cliente y empresa.

De las fuentes externas del valor de la marca, ésta es la que más afecta a los clientes y la que determina en gran medida la percepción de la calidad del producto.

El precio tiene un significado complejo y juega un importante papel en la identificación de la calidad. La tensión se produce al intentar bajar los precios y aumentar las percepciones del consumidor sobre la calidad del producto. Existen límites para la credibilidad: si la calidad del producto sube y el precio baja, puede llegarse al punto en el que el consumidor deje de creer que la oferta sea posible.

Esta cuestión puede afectar en gran medida a la tercera fuente de valor de la marca: la segmentación. Cuanto mejor segmentado esté un mercado, mayores serán las posibilidades de una empresa de llevar a cabo programas comerciales que satisfagan las necesidades de los consumidores. Una vez logrado el éxito de la estrategia inicial, las decisiones más habituales en este campo son aprovechar la marca para:

a. Dirigirse a un segmento de mercado diferente: Esta acción puede traer consigo un gran rendimiento, pero al mismo tiempo pone en peligro la percepción de los clientes originales.

b. Crecer en otras categorías de productos dirigidas al mismo segmento: El riesgo es perder la especialización de la marca.

c. Aprovechar la marca para aplicarla a una categoría distinta de producto y mercado: Este es el movimiento más arriesgado.

La gestión correcta de la segmentación consiste intentar servir a la mayor cantidad posible de segmentos bajo la misma marca, minimizando los riesgos.

La publicidad y su impacto en la imagen Las marcas son el resultado de un trabajo a largo plazo. Día a día, los consumidores van creándose una imagen del producto o servicio y en ese contexto juega un papel muy importante la publicidad.

Como cuarta fuente de valor de la marca, la publicidad permite a las empresas proyectar los valores de la marca ante su público objetivo. Sin embargo, cada vez más la audiencia está más saturada de mensajes publicitarios y su impacto diferenciador es más difícil de obtener.

Además, la publicidad en los medios masivos es pasiva: no permite conocer las respuestas de los consumidores a los mensajes. Por ello algunas marcas ya utilizan otros canales bidireccionales como Internet o el marketing directo para posicionarse.

Sea como sea, la publicidad en medios tradicionales - especialmente la televisión - sigue siendo el principal medio para dotar de imágenes y personalidad a una marca.

Para distinguirse entre la cantidad de anuncios emitidos, la clave es utilizar una buena estrategia (buena segmentación, asociación a temáticas interesantes para el target o utilizar técnicas como el "product placement" en series de ficción para sortear el obstáculo del zapping.

La radio tiene como ventaja el bajo coste y la de ser un medio que goza de gran confianza en países como España. Lo mismo que la prensa local, útil en campañas centradas en ciertas zonas. Sin embargo, éste último puede llegar a ser un medio muy pasivo (al igual que las vallas y carteles).

A diferencia de los anteriores, Internet es un medio que estimula el papel del consumidor activo. Otra herramienta es el marketing directo, que permite un contacto más personal con el consumidor. Su desventaja es la percepción de cierto intrusismo por parte del destinatario de los mensajes.

Actualmente muchos programas de marketing utilizan bases de datos con información de consumidores ya segmentada. Otro método es el merchandising o la publicidad puesta en la tienda. Pero si se quiere lograr un objetivo en el corto plazo la manera más idónea son las promociones.

Desde fines del siglo XIX se da otro componente en la construcción del valor de una marca: el patrocinio. Ya en 1928 Coca Cola patrocinó los Juegos Olímpicos. Para que la inversión en este ámbito de réditos, el público que asiste debe coincidir con el mercado objetivo de la marca, el evento debe ser suficientemente conocido, tener la imagen deseada y ser capaz de crear las asociaciones en el mercado objetivo. A través del patrocinio, la empresa transmite que tiene unos valores más allá de la de fabricar un producto. De aquí surge la idea del marketing social o con causa.


De la tienda al consumidor Tan importante como estos factores es la manera en que el producto se distribuye. ¿Es mejor un canal selectivo o extensivo? Hoy es muy difícil encontrar el caso de un fabricante que utilice un único canal y los detallistas son los que tienen un contacto más directo con los clientes.

Se establece una relación entre la tienda y la imagen de la marca de los productos que venden. Una forma de controlar este tipo de asociaciones es montar una distribución propia a través de las "tiendas empresa", aquellas que crean sus propias tiendas dentro de los grandes almacenes (Tommy Hilfiger, Levi's, etc.)

Conclusión.

Es erróneo pensar que sólo estos elementos o una buena gestión las herramientas de marketing determinan el valor de la marca.

La red de ventas debe de ser igualmente efectiva para que entregue todo lo que el consumidor espera de la marca. Variables como la rapidez, la puntualidad, la seguridad, la fiabilidad o la amabilidad en servicio resultan clave.

Fuente: Carlos Pérez Castro; Juan Manuel de Toro Martín; Marta Mira/ IESE Insight

jueves, 13 de septiembre de 2012

La sociedad está cambiando: ¿A qué esperan las marcas?


"Lo que funcionaba ayer ya no funciona hoy y nuestras organizaciones se ven obligadas a desaprender lo aprendido, a despojarse de ideas que ya no funcionan, a abandonar prácticas consolidadas y a estar dispuestos a asumir riesgos. En cierta forma, caminamos entre penumbras, pero los gestores más avezados sabrán entender esta situación no solo como una gran oportunidad."

La sociedad está cambiando: ¿A qué esperan las marcas?

El mundo está cambiando. La sociedad está sometida a transformaciones cada vez más rápidas y globales que alteran la naturaleza de las personas también como consumidores y que, en última instancia, afectan a las estrategias de marca. Una nueva realidad cambiante en la que las empresas también tienen la responsabilidad de generar cambios, adaptarse a la nueva situación y reinventarse.

la crisis financiera ha sembrado intranquilidad y desconfianza entre los actores del mercado de capitales y ha cambiado la forma en que los clientes y el talento toman sus decisiones. Y esto puede significar una oportunidad de hacerse con una cuota de mercado superior, crear una nueva categoría, o generar una lealtad que trascenderá el periodo de crisis.

Sin embargo, las estrategias no son fáciles de diseñar, ni de implementar. Una actitud extendida entre los gestores , especialmente aquellos que han desarrollado su carrera entera en una organización, es creer que conocen el mercado y que lo conocen tan bien que no necesitan investigación para entender los procesos de decisión de sus principales grupos de interés. Aunque este es un pecado capital en tiempos de estabilidad, es más grave, si cabe, en en tiempos de crisis.

Es en este escenario parece evidente que larevolución está en manos de los inquietos, los curiosos, los buscadores, los locos, y las marcas tienen que ser también valientes y cambiar el mundo de las relaciones entre compañía y cliente.

¿Cómo? Andy Stalman propone las claves para evaluar qué se está haciendo bien y qué no ante el nuevo orden mundial:

1. Del logo a la marca: El logo refleja parte de la marca, y la marca es la que comunica la esencia de la empresa. La marca se convierte así en la promesa materializada.

2. Del producto a la experiencia: Los clientes no quieren comprar productos sino ser consumidores de experiencias. Las marcas no pueden olvidar que el producto puede olvidarse, pero la experiencia siempre se archivará en la memoria.

3. De la honestidad a la confianza: La honestidad es algo que el consumidor da por sentado, pero la confianza tiene que conquistarse.

4. Del monólogo al diálogo: Dialogar significa interactuar con el consumidor. Y este consumidor, hoy en día, quiere ser activo, participar, interactuar. Las marcas, ahora, tienen la oportunidad de unirse a la conversación, pero también de crearla.

5. De la calidad a lo inimitable: La calidad de los productos debería ser un estándar pero es lo inimitable lo que hace la diferencia. Cuando pase la crisis, aquellas marcas que han estado apostando sólo por descuentos o precios bajos lo tendrán más difícil para salir adelante en el nuevo entorno que aquellas capaces de preservar el valor de la marca.

6. Del individuo a la comunidad: El consumidor ya no es una persona individual, sino que ahora se comparte en comunidad, se crean valores y propósitos en los que se aglutinan intereses comunes.

7. Del seguir al ser seguido: El nuevo paradigma crea seguidores y las marcas tienen que ser capaces de ser líderes, no copiar. Pero no hay líderes sin seguidores. Es un ciclo inexorable, en el que todos se necesitan.

8. Del después al tiempo real: Ya no existe el después, el mañana o la semana que viene. Ahora todo es instantaneidad y las redes sociales y las nuevas tecnologías implican un esfuerzo extra en el que vale la pena invertir porque la recompensa es enorme: la fidelidad.

9. Del servicio a las relaciones: El servicio vende, pero las relaciones fidelizan.

10. De lo complejo a lo simple: La simplicidad acerca, pero la complejidad crea desconfianza.

Conclusión

Es muy difícil gestionar la experiencia de marca basándonos en las mismas estrategias del pasado. En la medida en que la conducta de nuestros clientes cambia, cambia la relevancia con cada punto de contacto que conforma la experiencia de marca.

Estamos ante una oportunidad única de crear una experiencia de marca diferenciadora y relevante para nuestros grupos de interés.

Para ello, es necesario afinar el conocimiento de nuestra marca, nuestros clientes y competidores. Y es necesario hacerlo de manera analítica, pormenorizada y rigurosa, fragmentando la experiencia en sus puntos de contacto, es decir, cada oportunidad de construir o destruir marca con cada uno de los públicos de interés de la empresa, y priorizándolos en función de las necesidades y preferencias. Una buena inteligencia de marca nos permitirá adaptarnos, priorizar y optimizar nuestra inversión.

Como recuerda Stalman, “esto es para los locos. Los rebeldes. Los que ven las cosas de otra manera”.

Fuente: www.marketingdirecto.com