"De entre todos aquellos atributos esenciales del liderazgo, quizás sea el carisma el que menos entendamos".
Liderazgo carismático y empresa: Desarrolle siete cualidades
William Gladstone y Benjamin Disraeli fueron dos acérrimos rivales políticos a finales del siglo XIX. Sus épicas batallas por el control del Imperio Británico destacaron por la intensa animosidad que rodeó su relación, tanto en la arena pública como en sus vidas personales.
Ambiciosos, poderosos y astutos políticamente, ambos hombres fueron intensos competidores y maestros políticos. Aunque los dos obtuvieron grandes éxitos, la cualidad esencial que les separaba como líderes era su forma de aproximarse a la gente.
Esta diferencia queda patente tras el relato de una joven mujer que cenó con ambos en noches consecutivas. Cuando fue preguntada al respecto de la impresión que obtuvo de ellos dijo: “Cuando dejé el comedor tras haber estado con el señor Gladstone, pensé que era el hombre más inteligente y astuto de Inglaterra. Ahora bien, tras haber cenado con el señor Disraeli, pensé que yo era la mujer más inteligente de Inglaterra”.
Lo que distinguía a Disraeli de Gladstone era el carisma. Disraeli poseía un encanto personal del cual carecía su rival. Su atractivo personal atraía amigos y creaba impresiones favorables entre sus conocidos. A lo largo de toda su carrera, el carisma de Disraeli le proporcionó una ventaja sobre Gladstone.
De entre todos aquellos atributos esenciales del liderazgo, quizás sea el carisma el que menos entendamos. A primera vista, el carisma parece ser una energía invisible o un magnetismo atrayente. No se puede negar su presencia, pero es difícil apuntar su origen.
Hay algunos que piensan que el carisma es una cualidad con la que se nace. Está integrada en ciertas personalidades y completamente ausente en otras. Se puede aprender a tener un cierto carisma que amplifique la influencia de un líder. A continuación, examinaremos sus causas y plantearemos algunas sugerencias para incrementarlo.
Carisma es “la habilidad para inspirar entusiasmo, interés o afecto en los demás a través del encanto personal o la influencia”. Los líderes que tienen esta habilidad comparten siete características entre ellos.
Las siete cualidades
1.Sienten amor por la vida: Aquellos líderes que generan seguidores son apasionados respecto de la vida. Son personas a quienes les gusta celebrar, no quejarse. Destacan por su alegría y empatía.
Son energéticos y lo irradian de una forma contagiosa. No hay que mirar mucho más allá de la sonrisa para darnos cuenta del poder de su carisma. Cuando las personas reciben una sonrisa responden con lo mismo. Si eres escéptico, inténtalo. Sonríe a las cajeras, a los camareros, a los compañeros de trabajo, etcétera. Verá cómo su sonrisa recibe, de forma recíproca, otras sonrisas. Los líderes con carisma transmiten energía positiva. Como decía Henry Van Dyke, “no hay mayor encanto personal que el de aquellos que tienen un temperamento alegre”.
2. Valoran el potencial de las personas: Para convertirte en un líder atractivo, ha de esperar lo mejor de su equipo. Los líderes ven a las personas no como son, sino como pueden llegar a ser. Desde su altura ayudan a los demás a construir puentes que les faciliten el paso desde el presente al futuro que desearían.
Benjamin Disraeli comprendió esta realidad, llegando a ser un experto en aplicarla. Dijo una vez: “El mejor favor que puedes hacer a otra persona no es compartir con ella tus riquezas, sino ayudarla para que las suyas se revelen”. Cuando se invierte en las personas ayudándolas a crecer en relación a su potencial, se crean vínculos potentes y positivos.
3. Dan esperanza: Todos deseamos mejorar nuestras fortunas y futuro. Los líderes carismáticos llegan a enganchar con las personas a través de pintar un mañana mejor que el presente. Para ellos, el futuro está lleno de maravillosas oportunidades y sueños por realizar.
Napoleón Bonaparte dijo una vez que “los líderes son negociadores de esperanza”. Aportan optimismo a la cultura empresarial al tiempo que mejoran la moral general. Aunque siempre están atentos a la realidad inmediata, no se resignan a gestionar exclusivamente las circunstancias del presente.
4. Comparten con los demás: Los líderes carismáticos añaden valor a las personas al compartir su sabiduría, recursos y tiempo. Consideran que el poder de la inclusión es esencial y por ello invitan a otros a unirse a él en el proceso de compartir y aprender de las experiencias, realizar tormentas de ideas o, sencillamente, para tomar una taza de café.
Los líderes carismáticos abrazan el espíritu del trabajo en equipo y valoran la compañía de una forma positiva. Por ello, los líderes carismáticos no están solos en la cúspide. “El carisma es una chispa que ciertas personas tienen y que no se puede comprar con dinero. Es una energía invisible cuyos efectos son visibles”, nos recuerda Marianne Williamson
5. Piensan continuamente en los demás: Para los líderes carismáticos, no existe mayor satisfacción que aquella de servir a los demás. Encuentran gran placer en las celebraciones de los éxitos de sus compañeros y de quienes les siguen. Lo que más les gusta es el triunfo de un equipo.
¿Cómo puedes tener carisma?, pregunta Dan Reiland. Él mismo responde: “Preocúpate más por hacer que los demás se sientan bien consigo mismos que por hacer que los demás se sientan bien contigo”.
6. Descubren y utilizan su estilo propio, su voz: Uno de los argumentos más utilizados por los comentaristas políticos se refería a “encontrar su propio estilo” (finding their voice). La comentarista política del Time Magazine, Ana Marie Cox, escribía refiriéndose al senador Barack Obama, que encontró su voz en la convención del Partido Demócrata.
David Gergen decía, en la cobertura del debate que previamente se había celebrado en la CNN que: “John McCain se había reencontrado con su voz”. Stephen R. Covey nos dice: “Una palabra describe el camino hacia la grandeza: la voz. Aquellos que en su camino encuentren su voz, aquella que les sirva para inspirar a otros a encontrar la suya, habrán encontrado el camino hacia el liderazgo carismático”.
7. Utilizan su carisma como una forma de incrementar su influencia para hacer el bien: El carisma es una parte esencial de la capacidad de influencia de un líder. Sin él, estos tienen dificultades para inspirar pasión y transmitir energía a sus equipos.
Con él, los líderes son capaces de conseguir lo mejor de quienes les siguen, haciendo que estos rindan y se sientan plenos. El carisma no es una energía manipuladora o un regalo mágico dado a ciertas personalidades, sino una atractiva mezcla de cualidades que se puede aprender.
Conclusión
El rol de jefe ha muerto...ejerza Ud. el papel de verdadero líder. Tanto su empresa como el equipo humano que le acompaña, se lo agradecerán.
Fuente: John Maxwell- Autor del Libro "Las 21 cualidades indispensables de un líder"/ Executive Excellence
La actividad comercial internacional debe ser entendida y gestionada con una nueva mentalidad, surgida de la constante adaptación al cambio, el profundo análisis de los factores que inciden en el proceso y la aplicación del pensamiento estratégico a la toma de decisiones.
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lunes, 12 de mayo de 2014
lunes, 7 de octubre de 2013
Estrategias de inversión : En un entorno cambiante se impone la gestión activa

"Invertir hoy supone tomar decisiones importantes. Actualmente existen suficientes indicadores que muestran que las empresas y los países están liberándose de los grilletes de la intranquilidad que les han atenazado en los últimos años. La clave está en una gestión activa de las inversiones, centrada en el análisis individualizado de cada título antes de invertir".
Estrategias de inversión : En un entorno cambiante se impone la gestión activa.
En los últimos años los mercados financieros han sufrido una crisis crediticia, otra bancaria y otra de deuda pública en Europa, generando una enorme incertidumbre que ha impuesto su voluntad en los mercados y ha roto las reglas del juego en la formación de los precios.
La conexión entre los factores fundamentales de las empresas y la valoración de las acciones se ha visto seriamente dañada. Algunos indicios apuntan a que el dominio de la incertidumbre está dando sus últimos coletazos. La correlación entre las cifras de crecimiento de los países está disminuyendo y asimismo se observa que el riesgo específico de cada acción ha aumentado.
En este contexto, se impone la gestión activa a la hora de invertir. Es necesario tomar decisiones sobre factores fundamentales que vuelven a tener relevancia en las fluctuaciones de precios. El inversor no puede quedarse cruzado de brazos, la pasividad penaliza.
Las depreciaciones, la volatilidad y la fragilidad no han desaparecido, pero pueden evitarse con una gestión activa que permite aprovechar las oportunidades. Es necesario confiar en gestores que construyan su cartera por su convicción en las empresas y no replicando un índice de referencia.
A través de un cuidado análisis desde una perspectiva fundamental ascendente es posible identificar las tendencias que van a tener lugar a largo plazo y encontrar, entre miles de valores, los que más se beneficiarán de ellas. Una de estas grandes tendencias estructurales que determinará el desarrollo a largo plazo de los mercados financieros es la demografía.
En las economías desarrolladas se está produciendo un claro envejecimiento de la población, consecuencia del aumento de la prosperidad y la mejora de la atención sanitaria –que reducen las tasas de mortalidad– y el descenso en las tasas de natalidad. Japón es un ejemplo en este sentido, ya que su actual población de 127 millones de habitantes podría pasar a menos de 100 millones en 40 años.
La generación del “baby boom”, por su parte, fue determinante para los espectaculares cambios que han vivido las bolsas. Las posibilidades de inversión eran limitadas para la cantidad de ahorradores que se incorporaron a los mercados financieros, lo que provocó una burbuja de las cotizaciones. Esta generación, que comienza a jubilarse, está demostrando un interés por las inversiones que generan rentas, como los bonos y las acciones que abonan dividendos, con el fin de que el capital genere la pensión deseada.
En las economías emergentes la situación es diferente, con poblaciones jóvenes y crecientes, lo que crea un gran potencial de inversión por su capacidad de consumo. Además, se ha producido otra tendencia demográfica: la urbanización. Se estima que dentro de 20 años el 60% de la población mundial vivirá en un medio urbano, frente al 50% actual, lo que supone que las ciudades tendrán que absorber entre 700 y 1.000 millones de personas.
Este cambio impulsará las infraestructuras, ya que se tendrán que construir y ampliar carreteras, ferrocarriles, redes eléctricas, telecomunicaciones y sistemas de pago, lo que beneficiará a las compañías privadas de estos sectores. El Gobierno indio, por ejemplo, planea invertir 500.000 millones de dólares en infraestructuras.
La tasa de urbanización de China crece de forma constante.

Los inversores pueden aprovechar todas estas tendencias demográficas analizando en profundidad qué compañías y sectores se verán beneficiados por estos cambios –por ejemplo los productos de consumo y la atención sanitaria–.
Los riesgos inflacionistas que conlleva la expansión monetaria también pueden ser aprovechados por los inversores. Las inversiones con una correlación elevada con la inflación, como las materias primas y los títulos relacionados con ellas, así como los inmuebles, son una buena forma de protegerse. Los recursos naturales y las infraestructuras también pueden replicar las fluctuaciones de los precios.
Un mundo a dos velocidades.
Cada vez es más evidente que nos movemos en un mundo a dos velocidades, en el que las economías desarrolladas están ralentizadas y los países emergentes crecen de forma constante, y pese a la reciente incertidumbre que a corto plazo se cierne sobre estos últimos, en los próximos años se seguirá viendo un trasvase histórico de poder, influencia y fortaleza económica de los países desarrollados endeudados a los mercados emergentes. Eso no quiere decir que solo deba invertirse en estos últimos, ya que un buen gestor sabe que los mercados emergentes van a tener un desarrollo muy diferente entre ellos.
Algunas partes del mundo se desaceleran, otras aceleran.

Por ejemplo, China está cambiando de un modelo económico basado en las exportaciones a uno centrado en el consumo interno. La demanda china de materias primas disminuirá, mientras que la demanda de bienes de consumo, tanto importados como fabricados en China, aumentará.
Todo ello tendrá grandes consecuencias para las economías emergentes con lazos con el gigante asiático, que serán diferentes de un país a otro, en función de los sectores de los que dependan las economías nacionales. Además, los países emergentes cada vez presentan más diferencias estructurales entre ellos.
Por tanto, si los mercados emergentes cada vez son un grupo menos homogéneo, invertir en índices (gestión pasiva) deja de lado la oportunidad de explotar o excluir factores de riesgo específicos. Hay que tener en cuenta que la gestión activa no se basa en extrapolaciones de las tendencias pasadas, sino en un análisis cuidadoso del potencial futuro. Las acciones se seleccionan una a una, en función de un análisis fundamental que tiene en cuenta factores de mercado y específicos de cada título. Parece que ésta es la mejor estrategia para invertir en los mercados emergentes.
Por lo que respecta a las economías occidentales –y pese a las recientes señales de mejora–, tardarán aún años en recuperarse de la crisis financiera, y reducir su endeudamiento requiere de un delicado equilibrio. Las empresas, sin embargo, gozan en líneas generales de buena salud financiera y existen potentes tendencias estructurales que ofrecerán atractivas oportunidades de inversión si se realiza un cuidadoso análisis.
Entre estas tendencias se encuentran también la recolocación y la tecnología. Mientras los sueldos en los países asiáticos se han disparado en los últimos años, en las economías occidentales han permanecido más o menos estables. De ahí que muchas grandes empresas hayan vuelto a traer su producción a Estados Unidos o Europa desde Asia. La recolocación está apoyada también por la automatización, que reduce los costes de producción. Además, las grandes bases de datos o big data aumentarán la demanda de almacenamiento, mantenimiento y análisis de estos datos, por lo que las empresas de software serán algunas de las que se beneficiarán de este proceso.
También los descubrimientos tecnológicos que posibilitan la explotación del gas de esquisto han mejorado la balanza entre oferta y demanda de fuentes de energía. Los precios energéticos en Estados Unidos ya han caído y, con ellos, los costes empresariales, lo que beneficia la competitividad de sus empresas.
Por último, otro factor que beneficiará a determinadas empresas de los mercados desarrollados es que cuentan con el monopolio de las marcas más fuertes del mundo. En este sentido existen oportunidades de inversión en sectores como la alimentación, los artículos de lujo o la automoción.
Conclusión.
En definitiva, los días en los que los mercados solo tenían ojos para las señales de incertidumbre macroeconómica y política han quedado atrás. En 2013, la inversión se centra en el potencial futuro de cada título y la gestión activa pone de relieve este potencial.
Fuente: Antonio Salido - Director de Marketing y Comunicación de Fidelity para España y Portugal/ Executive Excellence.
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