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domingo, 5 de enero de 2014

Gestión empresarial y desarrollo personal: Diez hábitos para cultivar la confianza en uno mismo



“La religión de todos los hombres debería ser aprender a creer en sí mismos”.Jiddu Krishnamurti, filósofo indio.

Gestión empresarial y desarrollo personal: Diez hábitos para cultivar la confianza en uno mismo.

El problema nunca es la falta de talento sino la falta de confianza para desarrollarlo. El problema no es nuestra incapacidad sino la creencia de que no somos capaces, las dudas que tenemos sobre nosotros mismos. Como consecuencia de esto, la mayoría de las personas no llevan una vida de acuerdo a sus posibilidades (reales) sino a sus creencias (mentales).

Sabiendo que todo parte de ahí, ¿qué hábitos podemos cultivar para mejorar la confianza en uno mismo?:

1. Cuida tu entorno.

“Si vives entre codornices, es muy difícil aprender a volar como las águilas”, dice la sabiduría popular. Los límites no están en las personas sino en los entornos, que determinan nuestras creencias e influyen poderosamente en lo que una persona consigue.

El entorno es la tierra en la que uno se cultiva, y hay tierras fértiles y otras infértiles. Hay entornos tóxicos y entornos estimulantes; entornos que alimentan la confianza y entornos que alimentan el miedo. En los buenos entornos el talento se atreve y expande; en los malos, se contrae y reprime.

Un mal entorno es como caminar por arenas movedizas, por mucho esfuerzo que se haga, los avances son limitados. Tu entorno determina la altura de tu éxito. Cuida mucho con quién pasas el tiempo porque nadie es indiferente a lo que lee, ve u oye.

El entorno nos arrastra –sin que nos demos cuenta, ese es el peligro– a una determinada forma de pensar, de sentir y de actuar. Para poder pensar en grande hay que apartarse de mucha gente que piensa en pequeño. Conviene no olvidar las palabras de Jim Rohn: “Tu vida es una media de las cinco personas con las que más te relacionas”.

2. Cuida tu cuerpo.

Que es tu casa, allí donde habitas todos los días. Y ello implica prestar atención a tres cosas: sueño, nutrición y ejercicio físico. La dieta influye en el estado de ánimo. Hay ciertas comidas que conducen a estados más depresivos; igual pasa con el sedentarismo: hacer ejercicio físico y estar en movimiento tiene ventajas en la salud y en el ánimo al liberar ciertas sustancias químicas estimulantes del bienestar.

Y con el sueño, más de lo mismo: no descansar produce malestar en tu cuerpo, humor desagradable y cansancio, que restan energías y ánimo para ser productivo. Cualquier meta –más aún si es ambiciosa– requiere mucha energía, y para ello es esencial cuidar nuestra salud. Sentirse bien físicamente nos hace estar mejor con nosotros mismos e invita a abordar retos más grandes.

3. Cuida tu apariencia física.

La apariencia ‘exterior’ influye en el pensamiento ‘interior’. Los cuidados estéticos y tu forma de vestir te ayudarán mucho a cómo te ves a ti mismo; y cómo te ves a ti mismo determina cómo te ven los demás. ¿No hay un determinado vestido, jeans, sandalias o botas que cuando te las pones ‘te ves más guapa’? Ello te lleva a sentirte mejor, más segura de ti misma, y eso se refleja en tu comportamiento y trato: más abierto, más simpático, más cercano, en definitiva, más cautivador. Esa actitud, se transmite y los demás la perciben y responden de la misma manera. Tu mundo ‘exterior’ no es más que un reflejo de tu mundo ‘interior’.

El grado de distancia (o conexión) con los demás es un reflejo del grado de distancia (o conexión) que existe con uno mismo. Nada ocurre por azar. Somos causa y efecto al mismo tiempo. Las cosas se atraen por una determinada forma de pensar, sentir y actuar. Sentirse bien lleva a actuar de una determinada manera: más enérgica y confiada. Las personas somos ‘estados de ánimo con piernas’. Lo decía Louise Hay: “Solo hay una cosa que sana todo problema: amarse a uno mismo”.

4. Apóyate en otros.

Está demostrado científicamente que nos sentimos más seguros cuando terceras personas confían en nosotros. Es esencial tener puntos de apoyo emocional. Ir solo por la vida es muy complicado. A menudo, somos los mayores enemigos de nosotros mismos. Ya sea con tu pareja, un amigo o un familiar, es bueno tener gente cerca que crea en nosotros –más que nosotros mismos– y que nos aliente a dar el paso y lanzarnos.

En eso consiste, entre otras cosas, el liderazgo. Un buen líder es alguien que te empuja a ir más allá de tus dudas y miedos; un buen líder es alguien que inspira a los demás a convertirse en la persona que les gustaría ser. El aislamiento, con mucha frecuencia, nos lleva a los pensamientos negativos, que como decía David Schwartz, autor de La magia de pensar en grande, son una especie de “suicidio espiritual”.

5. Busca mentores.

Todo el mundo se enfrenta a dudas, contradicciones y cruces de caminos. Saber cómo otras personas han actuado en esas situaciones ayuda mucho a aliviar la tensión y ganar seguridad, a no tener tantas dudas que lleven a adoptar la decisión más cómoda y que evitan salir de la zona de confort.

Además, contar con buenos mentores es un factor acelerador en la consecución de nuestras metas. Descubrir todos los pasos a seguir por uno mismo lleva demasiado tiempo. Los mentores son las personas, pero también los buenos libros. Muchos empresarios, directivos, deportistas o pensadores han dejado sus enseñanzas, investigaciones, consejos y tips por escrito.

Aprovéchate de ello. Como decía Bertrand Russell: “La mejor prueba de que algo puede hacerse es que antes alguien ya lo hizo”. Ver que otros pudieron anima a perseguir aquello que uno también añora. Tener fuentes de inspiración es fundamental.

6. Habla en público.

Hazlo siempre que puedas, es una de las actividades que más aumenta la confianza en uno mismo. Lánzate. Muchas veces no se trata de hacerlo bien o mal, sino simplemente de hacerlo. Irás venciendo resistencias. Empieza a decir ‘sí’ cuando te lo propongan y no busques excusas porque las encontrarás.

Hay miles de oportunidades todos los días para estar delante de una audiencia. No dejes de ver la película de cine ‘Dí que Sí’ (Yes man) (2008), del director Peyton Reed. Allí se dice: “Dices que NO a la vida y por tanto, no vives. Cada vez que se te presente una oportunidad dirás SÍ”. Ese es el reto: siente miedo –todos lo tenemos– pero hazlo de todas maneras.

Si tienes miedo, es una oportunidad de crecer y evolucionar. Si tu vida es demasiado cómoda, probablemente estás estancado. El crecimiento siempre está asociado a una cierta incomodidad, a una cierta tensión entre lo que uno es y lo que puede llegar a ser.

7. Aumenta tu actividad social.

Dale Carnegie, autor del clásico Cómo ganar amigos e influir sobre las personas –biblia de las relaciones personales– dice: “Entre las cosas que más interesa a la gente es cómo llevarse bien con los demás, cómo gustarles y cómo persuadirles.

Mi popularidad, mi felicidad y mi sensación de valía dependen, y mucho, de mi habilidad para tratar con los demás”. Un alto nivel de relaciones satisfactorias mejora la autoestima y la seguridad en uno mismo. La recomendación es clara: provoca acudir a actos sociales, ya sean de tipo ‘profesional’ (congresos, foros, seminarios…) como ‘personal’ (fiestas, celebraciones, inauguraciones…).

Poco a poco irás ensanchando tu círculo de contactos, te sentirás más cómodo en el arte del networking y tu seguridad mejorará.

8. Practica la generosidad.

Aristóteles dijo hace más de 23 siglos que “la generosidad es un egoísmo inteligente”. Cuando ayudas a los demás, la gente se siente agradecida y te lo valorará, y eso te hará sentir bien contigo mismo, ver que eres útil, y que tú también puedes aportar cosas interesantes.

No siempre se trata de grandes gestas, sino de multitud de gestos cotidianos del día a día que todos sabemos. Sentirse útil aumenta la confianza en uno mismo, al ver que nuestros conocimientos, habilidades y experiencia son de ayuda para terceros. Además, tiene premio: todo lo que haces por los demás, de una u otra manera, acaba regresando a nuestra vida, y además, multiplicado. Lo que das, te lo das.

9. Haz el ridículo en cosas sin importancia.

A veces estamos demasiado agarrotados por el miedo al fracaso, y eso nos resta oportunidades de mejora y evolución. El crecimiento, en lo profesional y en lo personal, siempre está asociado a la capacidad de asumir riesgos. Por eso, fallar y ‘hacer el ridículo’ en aspectos poco importantes, que no afectan a nuestro trabajo ni a nuestro prestigio –clases de baile, o de magia, o de teatro… –, nos hará sentirnos más libres y nos dará fuerza para soltarnos en los temas que son nuestro ‘core business’ y que son más relevantes en nuestra vida. Ganar es no tener miedo a perder.

Los perdedores son perdedores porque evitan perder; los ganadores son ganadores porque pierden más veces que los perdedores. Hay gente que nunca se ha equivocado pero toda su vida es un error.

10. Haz cosas "para destacar".

El ser humano es un ser social por naturaleza, por eso, el miedo al rechazo –más aún en ciertas culturas– aparece en escena a menudo, lo que hace que muchas personas nunca se desmarquen de nada por miedo a no gustar y al qué dirán. No hay nada peor que afirmar: ‘me considero una persona normal’. Ser normal no es ninguna virtud; es más, es un inconveniente, porque te sitúa en medio del pelotón.

Lo peor es ser indiferente. Éxito es sinónimo de diferenciación: lo que te hace diferente, te hace único y especial. Eso sí, ser diferente es no gustarle a alguna gente, a aquella que no comparte tu propuesta de valor. No pasa nada. Si quieres triunfar, tienes que destacar, y destacar implica no buscar aprobación a cada paso. Para que te atrevas: ponte en primera fila a cada evento que acudas y da tu opinión en cualquier conversación que tengas.

Conclusión.

Estos diez puntos, ponlos en práctica de manera gradual. No te exijas demasiado desde el primer momento. De lo que se trata es de ir venciendo resistencias pequeñas pero todos los días. La filosofía es la siguiente: Poco + Poco = Mucho. Un poco sin importancia, más otro poco sin importancia, más otro poco sin importancia... acaba siendo mucho y configurando un hábito. El mayor enemigo en los procesos de desarrollo personal es la impaciencia, el querer ir demasiado rápido.

Te llevan a exigirte demasiado, con lo que al final no cumples con lo establecido, te frustras y abandonas. Por el contrario, si lo poco que haces lo cumples, eso te llevará a sentir bien contigo mismo y a hacer más de lo mismo.

Fuente: Francisco Alcaide Hernández- Experto en Management y Desarrollo Personal/ Executive Excellence.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Garantizando el negocio a las nuevas generaciones: El valor de los valores en la empresa familiar



"Quizás ha llegado la hora de que los directivos vuelvan a centrarse en valores que puedan inspirar y ser una fuente de identidad y orgullo tanto para los empleados como para los clientes".

Garantizando el negocio a las nuevas generaciones: El valor de los valores en la empresa familiar.

La crisis financiera global de 2008 sacó a la luz algunas realidades desagradables sobre el funcionamiento de los sistemas financieros tanto estadounidense como global. Mientras las empresas financieras y no financieras del planeta siguen lidiando con las consecuencias de dicha crisis, los directivos se enfrentan a una presión creciente para repensar el funcionamiento de sus negocios.

Lucía Ceja y Josep Tàpies analizan los valores que guían las empresas familiares y no familiares y valoran si se puede aprender algo de los ejemplos en que “todo queda en familia”.

Primero las personas.

Las empresas familiares han destacado durante años por su gestión basada en los valores. Debido a la superposición entre la familia, la gestión y la propiedad de estas empresas, los sólidos valores familiares de los propietarios se transfieren a menudo a los negocios.

Esto puede generar un sentimiento de vinculación con el legado familiar, un hecho que a su vez ayuda a establecer un sentimiento de identidad y de compromiso. Después de todo, no hay nada mejor que prestar el nombre a una marca para desarrollar el sentido de orgullo y responsabilidad.

Pero, ¿cuáles son los valores de estas compañías? A diferencia de las empresas no familiares, investigaciones anteriores (Ward, 2008) han mostrado que sus valores corporativos tienden a centrarse más en las personas.

Las empresas familiares normalmente se interesan más por el desarrollo de sus empleados y comunidades locales y promueven de forma activa el comportamiento positivo. Se cree que esta diferencia ha sido clave a la hora de configurar la actitud de los grupos de interés en la cultura de la mayoría de empresas familiares.

“Nuestros valores”.

Según un estudio realizado por Van Lee y otros investigadores, nueve de cada diez negocios tienen declaraciones de valores por escrito y la mayoría las publican en sus páginas web. Un ejemplo: Ikea, una gran empresa familiar, afirma en su código de conducta que es posible “hacer un buen negocio y ser un buen negocio”. “Esto es una precondición para nuestro crecimiento futuro, un crecimiento que se alcanzará junto con proveedores que compartan la misma visión y ambición”.

Otro ejemplo es Samsung, la empresa familiar coreana de electrónica que en 2009 se convirtió en el mayor fabricante mundial de TI. Su filosofía se encuentra de forma explícita en la página web corporativa: “Creemos que apostar por valores sólidos es la clave para triunfar en los negocios. En Samsung, cada una de las decisiones que tomamos se fundamenta en un riguroso código de conducta y en estos valores esenciales”.

Valores corporativos como estos, declarados públicamente, no solo indican cuál es el comportamiento aceptable dentro de una organización, sino que también sirven como fuente de identidad, inspiración y orgullo para los empleados.

La importancia de la integridad.

Para este trabajo, los autores analizaron las páginas web de las cien empresas familiares y no familiares más grandes del mundo, buscando documentos que incluyeran los valores centrales de dichas empresas y concentrándose en los que se mencionan más frecuentemente.

Sus hallazgos muestran que los tres valores corporativos centrales que más mencionan todas las empresas, independientemente de su situación o de si es familiar o no, son la integridad, el respeto y los clientes.

Desde la época en que Aristóteles examinó la naturaleza de la bondad, las virtudes de la integridad y del respeto se han visto como valores nobles. Por otro lado, una empresa sin clientes no podría existir. Así que no es muy sorprendente encontrar estos tres valores a la cabeza de la lista.

Valores familiares.

En cuanto los autores se centraron en las empresas familiares, encontraron cinco valores específicos que estas mencionan a menudo pero rara vez o nunca se encuentran en otras compañías: generosidad, humildad, comunicación, servicio y calidad.

Todos estos valores pueden contribuir a la satisfacción personal de los miembros de la organización. El hecho de que los negocios familiares valoren la generosidad revela su tendencia a cuidar de los demás, mientras que la valoración de la calidad, la humildad y el sentido de servicio reflejan una visión a largo plazo, desarrollada con las futuras generaciones en mente.

Este sentido de protección y responsabilidad colectiva, surgido del deseo de mantener el negocio para las siguientes generaciones, otorga a los negocios familiares una ventaja respecto a otras empresas.

Predicar con el ejemplo.

Las acciones de una organización, sin embargo, deben ser coherentes con sus valores. Lo único que harán las incoherencias será generar desconfianza entre los trabajadores. Para ilustrarlo, podemos valorar dos de los valores principales que normalmente se encuentran en las empresas familiares: la generosidad y la humildad.

1. Generosidad: La familia es un grupo social en el que todos se ven genéticamente obligados a cuidarse entre ellos. En consecuencia, las empresas familiares están predispuestas a cuidar de otras personas. Las familias que tienen negocios pueden cultivar la generosidad impulsando la empatía y la positividad y desarrollando un sentido de responsabilidad social a todos los niveles.

Sin embargo, una advertencia: Si una empresa declara que la generosidad es uno de sus principales valores, debería actuar de manera altruista. Un sistema de recompensa de la gestión demasiado vinculado a indicadores a corto plazo, por ejemplo, seguramente potencie más la avaricia que la generosidad.

2. Humildad: Evidentemente, cada negocio familiar es único y no hay recetas estándar para cultivar la humildad. Pero practicar de manera regular el pensamiento humilde y agradecido –es decir, no querer destacar y valorar el esfuerzo hecho por las generaciones anteriores, que han protegido e impulsado el patrimonio familiar– es un factor importante para el éxito del negocio familiar de generación en generación.

Emmons y Crumpler (2000) sugieren que la humildad puede potenciarse a través de ejercicios como mantener un “diario de gratitud” que ayudaría a promover un sentido de valoración y agradecimiento por la propia existencia. Como indican los autores, la gratitud es una actitud importante porque puede ayudar a cultivar y transmitir el valor de la humildad de generación en generación.

Por su parte, Gottman (1999) señala que las familias felices y las parejas de éxito expresan de forma regular su gratitud.

Los negocios que mencionan la humildad y la gratitud como valores importantes deberían asegurarse de que sus directivos siguen estos valores, así que cualquier afán de protagonismo o de monopolizar las recompensas debería estar condenado al fracaso.

Fuente: Lucía Ceja y Josep Tàpies Lloret/ IESE Insight