La actividad comercial internacional debe ser entendida y gestionada con una nueva mentalidad, surgida de la constante adaptación al cambio, el profundo análisis de los factores que inciden en el proceso y la aplicación del pensamiento estratégico a la toma de decisiones.
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miércoles, 2 de mayo de 2018
Los mundos de la innovación y la creatividad en la empresa del siglo XXI
En materia de innovación existen dos mundos claramente diferenciados e igualmente necesarios. En primer lugar el mundo operacional, o entorno estratégico en el que se busca hacer mejor lo que ya se sabe hacer - asociado, por tanto, a la mejora continua y la búsqueda de la excelencia en la organización- , y que parte de resultados conocidos, además de procesos sistematizados con anterioridad.
En segundo lugar el mundo de la innovación, que, por el contrario nace y tiene su vocación en resultados imprecisos o desconocidos, en la duda y en la incertidumbre, lo que requiere y exige experimentación y exploración, asunción del riesgo, error y fracaso, y en consecuencia desarrollo del aprendizaje. Cómo es lógico es el en mundo operacional en el que la empresa se encuentra más cómoda, aunque ya no constituya un factor suficiente para marcar las pautas de la diferenciación y el crecimiento.
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miércoles, 3 de mayo de 2017
Nuevos escenarios y modelos de negocio: La inteligencia colaborativa como necesidad empresarial en auge
"Es evidente que el escenario empresarial global ha sufrido un cambio radical, en el que las “vacas sagradas” han sido apartadas por los nuevos representantes de la Transformación Digital. Emprendedores que han entendido que este Nuevo Mundo requiere respuestas diferentes."
Nuevos escenarios y modelos de negocio: La inteligencia colaborativa como necesidad empresarial en auge.
Es casi imposible que, en las actuales circunstancias, alguien pueda decirnos qué ocurre y hacia dónde debemos dirigirnos. Vivimos un mundo donde la velocidad del cambio que provocan las tecnologías disruptivas -Internet de las cosas, Impresión 3D, Tecnologías de la Nube, Robótica, Inteligencia Artificial, etc.-, lo que nos obliga a transformarnos y a transformar nuestras organizaciones con toda rapidez y agilidad.
Simplemente echen un vistazo a lo que ocurre en la Red en un solo día y verán como las reglas ya no son las que eran, ni la realidad en la que nos movemos tiene algo que ver con lo que teníamos entre las manos hace muy poco años.
Según un estudio realizado por Financial Times, “la información que actualmente genera la humanidad en dos días, es igual que la que generó hasta 2003”… Los usuarios de Whatsapp generamos diariamente un volumen de unos 70.000 millones de mensajes… Se realizan 3 billones de búsquedas por día en Google… Visionamos 4.000 millones de vídeos por día en YouTube…
Esta nueva realidad ha hecho que aparezcan nuevos “jugadores” que hasta hace muy poco “ni estaban, ni se les esperaba”. “Jugadores” que, en tiempo récord, han conseguido hacerse con sectores que hasta ese momento estaban dominados por gigantes empresariales que parecía imposible que pudiesen ser desbancados… ¡Pero lo han sido! Solo tenemos que mirar a Airbnb, Uber, Booking, Alibaba…
En 2001, las mayores compañías del mundo por capitalización bursátil eran:
1.- GE.
2.- Microsoft.
3.- EXXON.
4.- Citi.
5.- Wallmart.
El mismo ranking, quince años después ofrece este aspecto:
1.- Apple.
2.- Alphabet.
3.- Microsoft.
4.- Amazon.
5.- Facebook.
Un cambio radical impulsado por la transformación digital.
Es evidente que el escenario empresarial global ha sufrido un cambio radical, en el que las “vacas sagradas” han sido apartadas por los nuevos representantes de la Transformación Digital. Emprendedores que han entendido que este Nuevo Mundo requiere respuestas diferentes.
Personas que descifraron que la denominada Transformación Digital (TD) se basa en algo tan sencillo como difícil de conseguir. Algo que puede resumirse en esta fórmula:
TD = +3. Es decir: + Fácil / + Rápido / + Barato.
Hacer que el resultado de esa fórmula sea la palabra Éxito, no es fácil; es muy probable que no tengamos más remedio que utilizar la experimentación como motor para conseguirlo. “Probar” se convierte en imprescindible en una realidad donde las reglas no están claras, ni el futuro se vislumbra.
Nos enfrentamos a un mundo apasionante, pero del que no tenemos las llaves de las puertas del triunfo. Un mundo, donde el éxito, ni nada, ni nadie, puede garantizárnoslo.
Inteligencia colaborativa: Hay que adaptarse.
En esta situación, ¿qué podemos hacer? Lo primero, lo más importante, es ser conscientes de que la sensación de estar satisfechos con lo que tenemos es colocarse en condiciones de que alguien venga y nos “corte la cabeza”. El mundo de hoy pertenece a los insatisfechos, a las personas que saben que solo se debe vivir en “Modo Beta”, o dicho de otra forma, en “versión en desarrollo”. Nunca está conseguido, nunca es suficiente, siempre es mejorable.
Sin embargo, hay algo que no ha cambiado. Algo que expresó muy acertadamente el extraordinario Jack Welch (ex-presidente de GE): “Si no tienes una ventaja competitiva, no compitas”. Aunque es probable que la frase se construya mejor si lo que decimos es: “Si no tienes una ventaja competitiva, ¡créala!”.
La pregunta es si hoy es posible encontrar una ventaja competitiva que pueda ser sostenible a largo plazo, algo que nos dé una cierta garantía de poseer un activo que nos diferencie y nos haga mucho más probable alcanzar el éxito. La respuesta es un rotundo SÍ; esa ventaja competitiva existe y no es otra que el Talento de las personas que trabajan en una organización.
No obstante, no es un Talento al uso, no es un talento que se basa en la acumulación de conocimientos, títulos universitarios y post-grados en Escuelas de Negocio. Es un Talento capaz de comprender que, dadas las características del mundo que vivimos, necesita a los demás para enfrentarse a los nuevos retos. Es decir, necesitamos Talentos que entiendan que la Colaboración es imprescindible en esta Nueva Era. Talentos que comprendan que, por muy inteligentes y por muy preparados que estén, van a necesitar a los demás para dar respuesta a la nueva realidad.
Por lógica, todo ello nos lleva a concluir que, si somos capaces de desarrollar esa Inteligencia Colaborativa, alcanzaremos un nivel de Inteligencia Colectiva que hará que se incrementen exponencialmente nuestras posibilidades de competir. La única ventaja competitiva sostenible a largo plazo no es otra que ser colectivamente más inteligentes que nuestra competencia, y eso solo se alcanza si la Colaboración es la base de nuestra cultura; es decir, de nuestra forma de entender la empresa y la manera de relacionarnos entre nosotros.
Si esto es así, es natural que surjan algunas preguntas:
1.-¿La solución está en deshacernos de lo que sabemos y comenzar desde cero?.
2.-¿Quitamos la jerarquía y la competencia interna para favorecer la Colaboración?.
3.-¿Rompemos los “silos” y creamos una estructura distinta?.
Claramente no, la solución está en introducir de manera natural un segundo sistema: Un sistema que pueda ser establecido con facilidad y que añade la agilidad y velocidad necesarias, mientras que los procesos, procedimientos, sistemas, etc., no deben dejar de funcionar, pues nos brindan la confiabilidad y eficiencia necesarias para el negocio. Los dos sistemas tienen que formar un Sistema Operativo Dual que permita la innovación y la transformación, mientras nuestro negocio continúa y permite mantener el Beneficio.
El problema que se plantea es la tensión que aparece entre lo que se debe de hacer para seguir siendo competitivos en un mercado cada vez más radical y la necesidad de cumplir con los resultados anuales.
Es esa necesidad de seguir obteniendo Beneficios en el corto plazo por lo que debemos ser conscientes de que las jerarquías, los procesos y los procedimientos, hoy por hoy, no han dejado de ser válidos. Lo que ocurre es que estos no sirven para identificar los Retos a los que nos enfrentamos con suficiente antelación, formular las nuevas estrategias con agilidad y ejecutar las mismas con la rapidez que se requiere.
Todo ello hace inevitable un choque entre la Visión a Corto y la Visión a Largo Plazo que busca ser cada vez más competitivos. Esta razón es la que hace que las organizaciones empresariales tengan serias dificultades para poner en marcha la Colaboración.
Quizá, la solución podría ser imitar el funcionamiento del cerebro humano. Tal y como plantea Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía), nuestro cerebro puede describirse como dos sistemas coordinados: uno con un componente más emocional (la velocidad innovadora) y el otro más racional (la Eficiencia para alcanzar el beneficio esperado). Lo importante es la coordinación de los dos sistemas, pues la racionalidad sin emoción es pura reiteración y la emoción sin racionalidad es mera ilusión.
Todo ello nos conduce a una idea central: Es absolutamente imprescindible incrementar nuestro nivel de Inteligencia Colaborativa a través de los dos Sistemas. En el “clásico” porque nos permitirá alcanzar con mayor seguridad los resultados que necesitamos a corto plazo. En el “innovador” porque nos permitirá prepararnos frente a los retos que el futuro pueda deparar.
Conclusión.
La colaboración es imprescindible, estemos en el lado del “cerebro empresarial” que estemos. Sin embargo, las fórmulas que debemos emplear son diferentes; en el “clásico” deberemos implantar una cultura donde la colaboración se convierta en un Valor organizativo de primer orden que nadie pone en duda. En el “innovador”, planteando “Retos” a medio y largo plazo que sean debatidos por el grupo formado por la Red Colaborativa y cuyo fin será conseguir establecer soluciones innovadoras a las que debe de dar respuesta toda la organización.
Fuente: Rafael Mira - Cofundador de Innovation Center for Collaborative Intelligence (ICxCI), y Juan Mateo- Miembro del Comité Ético – Científico de ICxCI / Executive Excellence.
Nuevos escenarios y modelos de negocio: La inteligencia colaborativa como necesidad empresarial en auge.
Es casi imposible que, en las actuales circunstancias, alguien pueda decirnos qué ocurre y hacia dónde debemos dirigirnos. Vivimos un mundo donde la velocidad del cambio que provocan las tecnologías disruptivas -Internet de las cosas, Impresión 3D, Tecnologías de la Nube, Robótica, Inteligencia Artificial, etc.-, lo que nos obliga a transformarnos y a transformar nuestras organizaciones con toda rapidez y agilidad.
Simplemente echen un vistazo a lo que ocurre en la Red en un solo día y verán como las reglas ya no son las que eran, ni la realidad en la que nos movemos tiene algo que ver con lo que teníamos entre las manos hace muy poco años.
Según un estudio realizado por Financial Times, “la información que actualmente genera la humanidad en dos días, es igual que la que generó hasta 2003”… Los usuarios de Whatsapp generamos diariamente un volumen de unos 70.000 millones de mensajes… Se realizan 3 billones de búsquedas por día en Google… Visionamos 4.000 millones de vídeos por día en YouTube…
Esta nueva realidad ha hecho que aparezcan nuevos “jugadores” que hasta hace muy poco “ni estaban, ni se les esperaba”. “Jugadores” que, en tiempo récord, han conseguido hacerse con sectores que hasta ese momento estaban dominados por gigantes empresariales que parecía imposible que pudiesen ser desbancados… ¡Pero lo han sido! Solo tenemos que mirar a Airbnb, Uber, Booking, Alibaba…
En 2001, las mayores compañías del mundo por capitalización bursátil eran:
1.- GE.
2.- Microsoft.
3.- EXXON.
4.- Citi.
5.- Wallmart.
El mismo ranking, quince años después ofrece este aspecto:
1.- Apple.
2.- Alphabet.
3.- Microsoft.
4.- Amazon.
5.- Facebook.
Un cambio radical impulsado por la transformación digital.
Es evidente que el escenario empresarial global ha sufrido un cambio radical, en el que las “vacas sagradas” han sido apartadas por los nuevos representantes de la Transformación Digital. Emprendedores que han entendido que este Nuevo Mundo requiere respuestas diferentes.
Personas que descifraron que la denominada Transformación Digital (TD) se basa en algo tan sencillo como difícil de conseguir. Algo que puede resumirse en esta fórmula:
TD = +3. Es decir: + Fácil / + Rápido / + Barato.
Hacer que el resultado de esa fórmula sea la palabra Éxito, no es fácil; es muy probable que no tengamos más remedio que utilizar la experimentación como motor para conseguirlo. “Probar” se convierte en imprescindible en una realidad donde las reglas no están claras, ni el futuro se vislumbra.
Nos enfrentamos a un mundo apasionante, pero del que no tenemos las llaves de las puertas del triunfo. Un mundo, donde el éxito, ni nada, ni nadie, puede garantizárnoslo.
Inteligencia colaborativa: Hay que adaptarse.
En esta situación, ¿qué podemos hacer? Lo primero, lo más importante, es ser conscientes de que la sensación de estar satisfechos con lo que tenemos es colocarse en condiciones de que alguien venga y nos “corte la cabeza”. El mundo de hoy pertenece a los insatisfechos, a las personas que saben que solo se debe vivir en “Modo Beta”, o dicho de otra forma, en “versión en desarrollo”. Nunca está conseguido, nunca es suficiente, siempre es mejorable.
Sin embargo, hay algo que no ha cambiado. Algo que expresó muy acertadamente el extraordinario Jack Welch (ex-presidente de GE): “Si no tienes una ventaja competitiva, no compitas”. Aunque es probable que la frase se construya mejor si lo que decimos es: “Si no tienes una ventaja competitiva, ¡créala!”.
La pregunta es si hoy es posible encontrar una ventaja competitiva que pueda ser sostenible a largo plazo, algo que nos dé una cierta garantía de poseer un activo que nos diferencie y nos haga mucho más probable alcanzar el éxito. La respuesta es un rotundo SÍ; esa ventaja competitiva existe y no es otra que el Talento de las personas que trabajan en una organización.
No obstante, no es un Talento al uso, no es un talento que se basa en la acumulación de conocimientos, títulos universitarios y post-grados en Escuelas de Negocio. Es un Talento capaz de comprender que, dadas las características del mundo que vivimos, necesita a los demás para enfrentarse a los nuevos retos. Es decir, necesitamos Talentos que entiendan que la Colaboración es imprescindible en esta Nueva Era. Talentos que comprendan que, por muy inteligentes y por muy preparados que estén, van a necesitar a los demás para dar respuesta a la nueva realidad.
Por lógica, todo ello nos lleva a concluir que, si somos capaces de desarrollar esa Inteligencia Colaborativa, alcanzaremos un nivel de Inteligencia Colectiva que hará que se incrementen exponencialmente nuestras posibilidades de competir. La única ventaja competitiva sostenible a largo plazo no es otra que ser colectivamente más inteligentes que nuestra competencia, y eso solo se alcanza si la Colaboración es la base de nuestra cultura; es decir, de nuestra forma de entender la empresa y la manera de relacionarnos entre nosotros.
Si esto es así, es natural que surjan algunas preguntas:
1.-¿La solución está en deshacernos de lo que sabemos y comenzar desde cero?.
2.-¿Quitamos la jerarquía y la competencia interna para favorecer la Colaboración?.
3.-¿Rompemos los “silos” y creamos una estructura distinta?.
Claramente no, la solución está en introducir de manera natural un segundo sistema: Un sistema que pueda ser establecido con facilidad y que añade la agilidad y velocidad necesarias, mientras que los procesos, procedimientos, sistemas, etc., no deben dejar de funcionar, pues nos brindan la confiabilidad y eficiencia necesarias para el negocio. Los dos sistemas tienen que formar un Sistema Operativo Dual que permita la innovación y la transformación, mientras nuestro negocio continúa y permite mantener el Beneficio.
El problema que se plantea es la tensión que aparece entre lo que se debe de hacer para seguir siendo competitivos en un mercado cada vez más radical y la necesidad de cumplir con los resultados anuales.
Es esa necesidad de seguir obteniendo Beneficios en el corto plazo por lo que debemos ser conscientes de que las jerarquías, los procesos y los procedimientos, hoy por hoy, no han dejado de ser válidos. Lo que ocurre es que estos no sirven para identificar los Retos a los que nos enfrentamos con suficiente antelación, formular las nuevas estrategias con agilidad y ejecutar las mismas con la rapidez que se requiere.
Todo ello hace inevitable un choque entre la Visión a Corto y la Visión a Largo Plazo que busca ser cada vez más competitivos. Esta razón es la que hace que las organizaciones empresariales tengan serias dificultades para poner en marcha la Colaboración.
Quizá, la solución podría ser imitar el funcionamiento del cerebro humano. Tal y como plantea Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía), nuestro cerebro puede describirse como dos sistemas coordinados: uno con un componente más emocional (la velocidad innovadora) y el otro más racional (la Eficiencia para alcanzar el beneficio esperado). Lo importante es la coordinación de los dos sistemas, pues la racionalidad sin emoción es pura reiteración y la emoción sin racionalidad es mera ilusión.
Todo ello nos conduce a una idea central: Es absolutamente imprescindible incrementar nuestro nivel de Inteligencia Colaborativa a través de los dos Sistemas. En el “clásico” porque nos permitirá alcanzar con mayor seguridad los resultados que necesitamos a corto plazo. En el “innovador” porque nos permitirá prepararnos frente a los retos que el futuro pueda deparar.
Conclusión.
La colaboración es imprescindible, estemos en el lado del “cerebro empresarial” que estemos. Sin embargo, las fórmulas que debemos emplear son diferentes; en el “clásico” deberemos implantar una cultura donde la colaboración se convierta en un Valor organizativo de primer orden que nadie pone en duda. En el “innovador”, planteando “Retos” a medio y largo plazo que sean debatidos por el grupo formado por la Red Colaborativa y cuyo fin será conseguir establecer soluciones innovadoras a las que debe de dar respuesta toda la organización.
Fuente: Rafael Mira - Cofundador de Innovation Center for Collaborative Intelligence (ICxCI), y Juan Mateo- Miembro del Comité Ético – Científico de ICxCI / Executive Excellence.
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lunes, 12 de agosto de 2013
Cuando la adaptación al cambio y al nuevo entorno empresarial se convierte en una obligación: ¿Qué necesita para convertirse en un líder digital?

"Si nació antes de los años noventa, es un inmigrante digital, es decir, no utiliza su smartphone o tableta ni interactúa en las redes sociales con la naturalidad con que lo hacen los nativos digitales"
Cuando la adaptación al cambio y al nuevo entorno empresarial se convierte en una obligación: ¿Qué necesita para convertirse en un líder digital?.
Como inmigrante de esta nueva era, tal vez le cueste entender del todo las repercusiones de la tecnología digital para su negocio y su papel de líder. Pero al igual que sucede con los demás inmigrantes, puede aprender nuevos idiomas y desarrollar actitudes y formas de ver las cosas que harán más fácil su transición al nuevo entorno.
En este artículo, tres profesores del departamento de Sistemas de Información del IESE apuntan las nuevas competencias y herramientas que necesitan directivos y empresas para salvar esta brecha y "digitalizarse".
Dominar el lenguaje digital.
La voluntad de cambio, tanto en el caso de las organizaciones como de sus líderes, es el primer paso, y el más importante, para integrarse en el mundo digital.
Si tiene más de treinta años, lo más seguro es que arrastre un "bagaje analógico", afirma Javier Zamora, pero "incluso con ese condicionante se puede aprender el lenguaje digital".
En el programa del IESE Transformación de Negocios en la Era Digital, Zamora, junto con Evgeny Káganer y Sandra Sieber, enseña a los ejecutivos a dominar el lenguaje digital para que lo incorporen a su gestión diaria. En cuanto "ven el andamio digital que sujeta el mundo físico", pueden empezar a transformar su manera de dirigir.
Un entorno de mayor colaboración.
Entre los cambios importantes que eso implica, destacan dejar de ver las TI como un compartimento estanco y la tecnología como un área de negocio secundaria. Las tecnologías de la información no solo son cruciales para empoderar a los empleados, sino también para que todos puedan alcanzar los objetivos estratégicos de la empresa.
Un ejemplo lo encontramos en la tendencia llamada BYOD (siglas en inglés de "traiga su propio dispositivo"): las empresas animan a los empleados a llevar sus dispositivos móviles al trabajo y conectarlos a la red interna para acceder a aplicaciones e información.
En paralelo, se ha extendido el uso de las redes sociales, que han creado nuevas formas de participar por parte del consumidor, obligando a las empresas a centrarse más en el cliente.
Estas tendencias plantean nuevos problemas que Sandra Sieber resume en las siguientes palabras: "El reto no es la tecnología, sino cómo los líderes empresariales adaptan la cultura y los procesos organizacionales para sacar partido de las ventajas que ofrece la tecnología".
"No hay duda de que vamos a tener que derribar los silos corporativos que dificultan la comunicación y adoptar una cultura y entorno de mayor colaboración, puesto que facilitan el trabajo en equipo y la visión del proceso, en contraposición a una concepción meramente técnica de las actividades de TI," vaticina la autora..."Se trata de cambios profundos para muchas empresas".
Use la información, no solo la tecnología.
Quizá el mayor salto a la hora de salvar la brecha digital es el relacionado con el big data: "La información es poder, pero solo si sabemos qué hacer con ella", puntualiza Javier Zamora.
Por supuesto, una de las prioridades de los directivos debería ser entender cómo pueden transformar el gran volumen de datos en unos mejores resultados empresariales. Pero no solo eso, también convendría pensar en cómo utilizarlo para mejorar el rendimiento individual.
"No hay más que pensar en todos los emails que enviamos al día, las llamadas que hacemos o las aplicaciones que usamos en nuestros dispositivos móviles: reflejan nuestros movimientos, hábitos de trabajo, productividad y sueño", explica Evgeny Káganer.
El verdadero potencial del cambio no provendrá de una única dimensión sino que se producirá cuando integremos las múltiples dimensiones y podamos relacionarlas. Además, en tanto que consumidores, "podremos tomar la iniciativa y decir a las empresas cómo queremos que sean los productos, servicios y modelos de negocio, y no a la inversa".
Voluntad de experimentación.
En el programa Fast Forward, Káganer, Sieber y Zamora, entre otros, ofrecen más consejos a los directivos para que se pongan al frente de la transformación digital de sus empresas, además de exponer las competencias de liderazgo esenciales para promover el cambio.
El nowcasting, un método de previsión basado en el uso de redes sociales en tiempo real como Twitter para tomar el pulso de la opinión pública, se está convirtiendo rápidamente en una herramienta clave para detectar los cambios que se suceden en las preferencias de los consumidores. La simplificación y agilización de los procesos y una voluntad de experimentación son imprescindibles para explotar todo el potencial que ofrece esta técnica.
Conclusión.
Los líderes digitales han de ser capaces de alentar en todo momento la creatividad y establecer procesos internos que extiendan rápidamente el aprendizaje por toda la organización. Asimismo, deben animar a los empleados de todos los niveles a desarrollar capacidades digitales. Cuanto mayor sea su alfabetización digital, más posibilidades tendrán de contribuir a la creación de valor.
No basta con tener un smartphone y cientos de contactos en LinkedIn. Para salvar la brecha digital es necesario cambiar el chip. A quienes den el salto les aguardan grandes oportunidades. ¿Es usted uno de ellos?.
Fuente: Sandra Sieber; Evgeny Káganer; Javier Zamora López / IESE Insight
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jueves, 13 de diciembre de 2012
Cuando lo importante es diferenciarse: Los hábitos de los innovadores en la empresa
"Estudios realizados con personas gemelas idénticas, separadas al nacer, indican que nuestra habilidad para pensar de forma creativa viene dada, en una tercera parte, por la genética y, en las dos terceras partes restantes, por el aprendizaje: comprender las particularidades de cada habilidad, practicar una y otra vez con ellas y, finalmente, interiorizarlas."
Cuando lo importante es diferenciarse: Los hábitos de los innovadores en la empresa.
En El ADN de los Innovadores, trabajo realizado hace un par de años por Jeffrey H. Dyer, Hal B. Gregersen y Clayton M. Christensen, se describen los hábitos de gente como Steve Jobs, el hasta hace unas semanas visionario líder de Apple, y otros grandes innovadores actuales.
Esta investigación revela actitudes, comportamientos y habilidades comunes entre todos ellos, que les distinguen de la mayoría de directivos. Si ha sido posible descubrir estas características: ¿podría el resto de nosotros emularlas?.
Las cinco características del innovador en la empresa.
1. Cuestionar, desafiar hipótesis: Le permite romper con el statu quo y descubrir nuevas posibilidades. Steve Jobs no cejó en su empeño hasta lograr que su iPhone se controlara desde un solo botón, a pesar de que sus ingenieros insistían en que era imposible.
2. Observar, hasta los más pequeños detalles: Permite identificar problemas aún no resueltos o nuevas formas de hacer las cosas. iTunes e iPod fueron fruto de la pasión de Steve por la música y de su deseo de llevársela a todas partes con él, de una manera sencilla y práctica.
3. Experimentar, poniendo a prueba nuevas ideas y explorando sus posibilidades: Cuando pensamos en experimentos nos acordamos de científicos en bata blanca o de inventores como Thomas Edison, fabricando prototipos o lanzando experiencias piloto. ¿Imaginamos a Jobs destripando un Sony Walkman para juguetear?.
4. Networking, con toda clase de directivos o personas de diferente perfil: Le permiten obtener perspectivas muy distintas y contrastar sus propias reflexiones. Para ello visita otros lugares, gente de otras disciplinas, asiste a conferencias impartidas por artistas, emprendedores, académicos o científicos que muestran sus ideas y proyectos con pasión, o participa en redes de intercambio de experiencias para ampliar sus horizontes de conocimiento.
5. Asociar, las cuatro pautas de acción anteriores, persiguiendo cultivar nuevos conceptos conectando problemas e ideas aparentemente inconexas: Para Steve Jobs “creatividad era conectar cosas” y eso fue lo que hizo con el primero de sus iPods y con el resto de dispositivos que vinieron después.
En definitiva, el comportamiento innovador puede desarrollarse y fortalecerse a través del entrenamiento y la práctica. Hoy la mayoría de directivos comprende que es importante desarrollarlo, pero muchos desconocen aún el proceso y dónde practicarlo.
Con formación, coaching y desarrollo de habilidades, se pueden obtener grandes progresos en la propia capacidad para innovar, no solo en el desarrollo de productos y servicios, sino también de nuevos negocios o mejora de los existentes y en la mejora de procesos.
En cualquiera de los casos, lo primero es asignar tiempo, tanto uno mismo como el resto del equipo, para cultivar el pensamiento creativo y experimentar con nuevas ideas, es decir, para practicar la innovación, sin olvidar que habrá que ir sistematizando y organizando el proceso de aprendizaje o transformación, estableciendo objetivos medibles.
Consejos adicionales para construir la capacidad innovadora.
Construya una cartera de contactos para networking más allá del círculo de contactos cercanos. Apúntese a una o varias asociaciones profesionales que ofrezcan oportunidades para reunirse y trabajar en grupo con directivos de, incluso, otras disciplinas; conózcase mejor solicitando una evaluación de sus fortalezas y debilidades para la innovación; asista a seminarios sobre el uso y aplicación de herramientas relacionadas con la creatividad y la innovación; trabaje sobre los resultados que arrojen las evaluaciones que haya solicitado y ayúdese de un coach, en aquellos aspectos relacionados con sus comportamientos y actitudes que lo requieran.
Conclusión.
Alcanzar la excelencia en innovación es algo que tampoco está a nuestro alcance. Se trata más bien de un camino que nunca tiene fin, y no de un destino.
Durante ese recorrido, es bueno preguntarse regularmente, ¿cómo puedo seguir mejorando mis habilidades para la innovación? y continuar aprendiendo. Al fin y al cabo, ¿alguno de nosotros confiaría el desarrollo y crecimiento de su empresa a alguien con pocas habilidades para la innovación? Es decir, ¿a alguien incompetente en una de las competencias más eficaces hoy, tanto para el crecimiento como para la internacionalización?.
Fuente: Juan Liquete- Secretario General del Club Excelencia en Gestión
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