"Un error bastante habitual es el tender a identificar la figura del jefe con la del líder, ya que en realidad, un jefe y un líder pueden llegar a ser dos personas muy diferentes y ambos perfiles tienen una serie de características muy diferenciadas".
Viviendo el management empresarial del siglo XXI :¿Cuáles son los principales factores que diferencian a una persona con gran capacidad de liderazgo frente a la figura del jefe?.
1. Un jefe ordena y dirige; un líder se integra y guía: Quizá esta sea la principal diferencia entre ambas personalidades, y es que mientras que a un líder le gustará estar perfectamente integrado en el grupo y sentirse parte del equipo de trabajo y por ello, funcionando en perfecta armonía con el resto, un jefe preferirá mantenerse al margen y tan solo dedicarse a supervisar las tareas realizadas por los demás.
2. Un jefe suele inspirar miedo; un líder genera entusiasmo: Mientras que el jefe suelen tender a presionar para tener el trabajo listo cuanto más rápido mejor, mostrándose amenazante si no se logra , un líder genera un sentimiento de pasión por el trabajo que hará que el equipo se sienta más identificado con el proyecto y mejore su rendimiento.
3. Un jefe convierte el trabajo en algo monótono y aburrido; un líder lo hace interesante: Un jefe tan solo se encarga de dar ordenes continuamente, pero no se involucra en el proyecto tanto como lo haría un líder. Por ello, la dirección de un jefe siempre será más aburrida, ya que el líder, al estar integrado, podrá proponer nuevas ideas, direcciones o estrategias que siempre aportarán un soplo de aire fresco al proyecto.
4. Un jefe no enseña, un líder si: El hecho de que Ud. muestre cualquier síntoma de duda, al no estar muy seguro de cómo desarrollar una tarea determinada, supondrá que su jefe no se lo tome a bien y piense que no se preocupa lo suficiente por el trabajo o, lo que es peor, que quizá no esté lo suficientemente cualificado. En la misma situación, un líder se encargará de mostrarle cómo solucionar el problema y de proporcionarle la ayuda necesaria para que de este modo sea capaz de resolverlo de forma autónoma la próxima vez.
5. Un jefe solo manda, un líder también escucha: Un verdadero líder cuenta con la virtud de la empatía, siendo capaz de identificarse con su equipo. Por ello, mientras que un líder es capaz de escuchar todo lo que se tenga que decir, ya sean críticas negativas o algún tipo de feedback, un jefe tan solo pretenderá que su los miembros del equipo sean capaces de obedecer sus ordenes de forma rápida y efectiva, sin prestarle la debida atención e importancia a lo que tenga que decir.
6. Un jefe antepondrá el dinero al bienestar de los empleados, un líder hará lo contrario: Esta es una diferencia importante, y es que mientras que un jefe se centra, ante todo, de los beneficios de la empresa, un líder sabe que preocupándose por los trabajadores y su bienestar, los beneficios vendrán solos.
Conclusión.
Mientras que un jefe es quien está al mando en el lugar de trabajo, un líder es la persona responsable de inspirar, guiar y dirigir a un grupo de personas sintiéndose parte del equipo y compartiendo un objetivo común.
Por tanto, lo ideal es hacer lo posible por ser un líder, y no un jefe, y es que todos los líderes pueden ser jefes, pero no todos los jefes pueden ser líderes.
Fuente: Sergio Asenjo/ Managers Magazine
La actividad comercial internacional debe ser entendida y gestionada con una nueva mentalidad, surgida de la constante adaptación al cambio, el profundo análisis de los factores que inciden en el proceso y la aplicación del pensamiento estratégico a la toma de decisiones.
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lunes, 28 de abril de 2014
Viviendo el management empresarial del siglo XXI :¿Cuáles son los principales factores que diferencian a una persona con gran capacidad de liderazgo frente a la figura del jefe?
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sábado, 15 de junio de 2013
En busca del liderazgo olímpico: Cinco enseñanzas básicas que el TaeKwondo transmite a las organizaciones

"Observando y aprendiendo comencé a forjar mi temperamento, mi conducta y mis habilidades. Hoy todas ellas me sirven para alimentar mi continua búsqueda de la excelencia en lo que hago y en lo que trasmito....un paso atrás? Sólo para tomar impulso"
En busca del liderazgo olímpico: Cinco enseñanzas básicas que el TaeKwondo transmite a las organizaciones.
Viendo la demostración de capacidades hechas por Sebastián Crismanich en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, no puedo menos que mencionar algunas de las coincidencias entre lo que brinda el Taekwondo y lo que veo continuamente que las organizaciones precisan, desde mi rol de consultor, coach o facilitador de programas ejecutivos. Y si bien el título de este artículo es “5 enseñanzas que le deja el TaeKwondo a las Organizaciones”, lo más importante es lo que te puede dejar a VOS específicamente, que eres quien contribuye a darle forma al rumbo de la misma y a sus resultados.
Las cinco enseñanzas.
1. Enseña a PREPARARTE, mental y físicamente para dejar tu huella, lo que te recuerda un propósito elevado, superador de obstáculos mínimos: Prepararse para el éxito se traduce en la práctica a ser testigo continuo de cambios de estado actitudinales, corporales y espirituales, lo que disminuye tus miedos, oxigenando tu voluntad.
Domina tu voluntad, escucha más a tu corazón que a tu cabeza, que esta última siempre tratará de ir a lo seguro, segundo a segundo. Para el corazón el tiempo pasa más de prisa y está más dispuesto a arriesgarse. Síguelo, ahí está la pasión, lo que convierte a gente común en personas extraordinarias. Y si alguna vez el corazón calla también, busca un ejemplo, de alguien a quien admires, de ese ‘alguien’ en quien te puedas reflejar. Y sigue. No te detengas. Verás como le vuelve la ‘voz’ a ese corazón, antes de que puedas notarlo.
2. Enseña a TENER VALOR de ir un poco más allá: Porque allá, ahí afuera, en la arena competitiva – no en tu oficina, casa o sector – es donde pasan las cosas, donde te pruebas, donde puedes sacar lo mejor de ti, y creces un centímetro más, profesionalmente.
Allí está el sentido, no en tu zona cómoda. Esto te recuerda que había un lugar donde alguna vez te animaste a sonar que llegarías. Por eso, ten el valor de recrear día a día tu imagen interna, repensando la arquitectura de tus hábitos, creencias y fronteras, de manera de ir zigzagueando, de a una, las barreras que te impiden dar un paso más. Luego míralas a los ojos y toma tú el control. Contagia eso en tu equipo, clientes y colegas. Lo necesitan más de lo que te imaginas.
3. Enseña a LUCHAR POR UN OBJETIVO, por lo que crees, no por una medalla: Posiblemente la medalla es lo que quieren otros de ti. Esto te recuerda que la medalla es la consecuencia de un proceso bien pensado, un esfuerzo diferente y una estrategia inteligente.
El efecto de preguntarte cosas que la mayoría no se atreve a preguntarse. Como es común, la gente verá la ‘medalla’, pero el único que en definitiva será capaz de replicar un proceso de excelencia será aquel que lo ha diseñado y transitado. Tu eres esa persona y, por simples matemáticas, cuantos más procesos y rutinas de excelencia diseñes e implementes, más rápido llegará la ‘dorada’ (eso que algunos llaman ‘suerte’).
4. Enseña a CAERTE Y LEVANTARTE, lo que te recuerda que eres humano: No puedes mantenerte en el suelo mucho tiempo y menos aún puedes dar esa ventaja a tu oponente, faltando poco para el final. Tu dignidad te implora que recuerdes que lo importante será, al culminar cada proyecto, poder sonreír con dignidad, a partir del orgullo personal que te da el saber que diste todo para lograrlo.
Cada vez que te levantes, tu autoconfianza se eleva por sobre el promedio y, automáticamente, construye un nuevo blindaje hacia trivialidades emergentes, que ya no podrían impactar en tu tejido más profundo, en tus impulsores más intensos.
5. Enseña a AGRADECER A TU EQUIPO, lo que te recuerda que debes dar las gracias de forma continua: Haz este ejercicio: mira a tu alrededor y observa (o visualiza) a aquellos que te ayudaron a conseguir tu éxito, grande o pequeño, trascendente para otros o sólo para ti mismo, y agradéceles. Pero un consejo: hazlo frente a un espejo…
Líderes olímpicos, nuevos guerreros de la luz.
Así como en un estadio olímpico, en la empresa un ‘guerrero’ debe estar alerta. Me refiero a esos ‘guerreros de la luz’, de los que habla Paulo Coelho. Porque la apatía, la resignación, la conformidad y el stress son enemigos virulentos, listos para atacar sutil o deliberadamente a aquellos que se presenten a competir con la guardia baja, sin capacidad para desaprender, para aprender, para transmitir conocimientos, para liderar su presente.
En la práctica, ese estado de observación intensa, 360º que mostraba Sebastián Crismanich en cada combate, se traduce en acción, es decir, en la intervención oportuna, en la pausa fundamental para accionar positivamente frente al eco de una decisión tomada, en repensar el sentido de continuar o no con un proyecto.
Y esto sucede porque todo guerrero de la luz sabe que cada golpe, cada acción, cada iniciativa lo deja, por definición, vulnerable, expuesto… míralo así: En un segundo determinado no es posible, al mismo tiempo, pegar y defenderse. Quienes han practicado alguna vez artes marciales comprenden bien este principio (el simple hecho de lanzar un puño al frente deja un flanco vulnerable en la zona lateral, por más guardia que se mantenga con el brazo opuesto); es así que si decides hacer las dos cosas al mismo tiempo, no estarás haciendo ninguna de las dos a su máximo nivel de efectividad.
Con este principio en mente – y en cuestión de segundos – deciden la proporción de tiempo, oportunidad, prioridad, técnica y voluntad a aplicar. Quiero decirte con esto que si bien es en la ACCIÓN donde se manifiesta el efecto, es en la REFLEXIÓN donde se potencian las posibilidades de lograr un gran impacto.
De ahí que sea muy importante darse un tiempo para todo. ¿Recuerdas? Era en esos segundos en los que veíamos a Sebastián Crismanich sin patear, segundos en los que, desde afuera parecía que ‘no pasaba nada’..... se estaba gestando su victoria. Un paso atrás? Sólo para tomar impulso
JimRohn, renombrado autor americano sobre desarrollo personal, solía definir al éxito como “El sumatorio de pequeñas cosas, muy bien hechas, a lo largo de un período, que no generaban por sí mismas ninguna diferencia sustancial en el resultado presente, pero que, en algún momento, sin anunciarlo, te recompensaban con algo que no podías entender a qué atribuirlo, a cuál de esas pequeñas cosas que habías hecho…).
Tenía razón, el sumatorio es lo que cuenta ( durante el combate puedes ver algunas de ellas [un grito – exhalación de creencia de punto obtenido – una ‘doliochagui bien puesta, etc.’]), todos ‘pequeños’ que al potenciarse confluyen en el éxito.
Y si digo ‘te recuerda’ es porque estoy seguro de que ya lo sabes, al igual que estoy convencido de que la dinámica actual de los negocios, la búsqueda frenética de resultados a corto plazo y la necesidad de cumplir con múltiples jefes, clientes y obligaciones no te permite – tanto como quisieras – ‘parar la máquina’ para convertir estos conceptos (e integrarlos) a tu filosofía actual de éxito. Por eso te propongo que (re) comiences a moldear una nueva fibra de líder, un ‘líder organizacional olímpico’, que en su momento justo, es capaz de hacer todo lo siguiente, de una cosa a la vez:
a. Hace una OBSERVACIÓN consciente de la Zona de Acción (tu mercado, clientes, amenazas y oportunidades).
b. Hace una PAUSA antes del siguiente movimiento (consulta, piensa, cruza información, mira a tu equipo, pide una segunda opinión).
c. Se DEFIENDE con garra cuando hay que hacerlo (negocia con opciones, alternativas y presenta tus ideas con asertividad).
d. Genera CAMBIOS que alientan a la toma de decisiones (con propuestas de valor enfocadas al cliente pero impulsadas por ti mismo).
e. ACELERA para crearse oportunidades o las aprovecha cuando surgen (escucha a tus clientes, a tu equipo y jefes, balancea sus necesidades con las tuyas y construye rápidamente puentes entre los cuatro segmentos).
f. DEFINE su presente (toma decisiones, decide qué batallas decidirás pelear y luego arriésgate, cierra tus acuerdos y mantiene esas conversaciones difíciles que estás posponiendo) y, finalmente…
g. DISFRUTA, con cierta dosis de desenfado, el placer que le provoca tanto lo que hace como lo que logras y lo que no (celebra los logros, grandes y pequeños de tu equipo, no esperes que termine la pelea, reconoce cada ‘punto’ hecho en el objetivo, sorpréndelos como sólo tu podrías hacerlo: recuerda que muchas veces tu éxito será directamente proporcional al brillo en los ojos sostenido que puedas ver en tu equipo. Y si de vez en cuanto no se te dan las cosas como quisieras… vuelve al punto 4!. Pero la próxima vez, anticípate, no cometas dos veces seguidas el mismo error).
Conclusión: Mensaje-fuerza.
Recordemos estos principios y trabajemos como ‘blackbelts’ al momento de la ejecución – buscando el KO – pero como ‘cinturones blancos’, al momento de seguir aprendiendo y tomar lo mejor de nuestros maestros y mentores, mientras nos vamos convirtiendo en la MEJOR VERSION de NOSOTROS MISMOS.
Fuente: Alejandro Delobelle - Facilitador, Consultor, Coach Ejecutivo y Conferenciante / Managers Magazine
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