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jueves, 18 de abril de 2019

Valor de la competitividad internacional en el nuevo ecosistema global



La competitividad internacional constituye una de los factores y condiciones primordiales para abordar la nueva realidad transnacional con garantías, además de ser una herramienta imprescindible para dirigir tanto a los Estados como a sus empresas hacia la senda del crecimiento sostenible y la generación de riqueza.

En este sentido, y desde la óptica institucional, ser competitivo a nivel internacional significa contar con una estructura sólida de gobierno, realizar las reformas necesarias, facilitar los negocios y la inversión extranjera, ser transparente y activar e impulsar mecanismos de lucha contra la corrupción, además de fomentar las políticas educativas y la innovación, contar con un sistema financiero justo y equitativo y desarrollar una normativa que otorgue la necesaria estabilidad y seguridad jurídica, apoyando la actividad del tejido empresarial nacional, ...en suma se trata de crear el escenario más conveniente y adecuado para poder crecer en la diferenciación. Así, los países que sean conscientes de esta nueva realidad ,y actúen en consecuencia, lograrán mayores cuotas de competitividad internacional.





miércoles, 9 de marzo de 2016

Expectativas en la era de la escasez: Un nuevo marketing para una nueva era

"Se trata de entender que el consumidor ha cambiado, no por opción ni por maduración: su mundo es otro por imposición. No es más inteligente, ni más selectivo".


Expectativas en la era de la escasez: Un nuevo marketing para una nueva era.

Si el siglo XX fue la era de la abundancia, al menos entre los países industrializados maduros, el siglo XXI va a ser la de la escasez.

Para actuar en consecuencia es necesario conocer los cambios en las variables del entorno que afectan al consumidor, tales como el declive demográfico, la desigualdad económica, los déficits educativos y laborales, el populismo o el riesgo de colapso del Estado del bienestar.

En este sentido, ara reducir la brecha entre lo que se promete al consumidor del siglo XXI y lo que realmente se le puede ofrecer, los profesionales del marketing deben ajustar las expectativas (políticas, sociales, económicas, financieras, de carrera) a las nuevas realidades, que reflejan un clima general de escasez opuesto a la era de la abundancia vivida en los países occidentales en el medio siglo anterior a 2007.

La brecha de la desafección.

Entre consumidores y empresas se ha producido un distanciamiento, que no ha hecho más que aumentar en los últimos años y que conduce a una desafección creciente en el que pesa el papel del marketing como fábrica de expectativas.

El problema es que hoy ya no es posible aumentar la oferta porque vivimos en la "era de la escasez", un nuevo periodo caracterizado por la carestía de los recursos necesarios para generar riqueza.

Es la etapa que atraviesa Europa y que se hace especialmente evidente en España, donde escasean los jóvenes y a la vez la capacidad de emplear, los beneficios sociales, la igualdad, la formación... En suma, ha desaparecido todo aquello que durante el siglo XX facilitó la ascensión de una clase media con posibilidades de consumir y un modelo de retroalimentación de una sociedad de la abundancia.

Ante la imposibilidad de aumentar la oferta, los partidos políticos y las empresas están obligados a fomentar la reducción de la demanda y ajustar las expectativas. Los políticos deben adecuar su oferta a las condiciones que la hacen sostenible y las marcas tienen que educar a los consumidores.

Desde hace años se recurre a una colección de conceptos como vías de cambio para responder al reto de la escasez, que exige una revisión de expectativas. El autor cita algunos de ellos, como conocimiento, empleo de calidad, autoempleo, emprendimiento, especialización, autogobierno o reindustrialización, e invita a reflexionar sobre si permitirán eludir la generación de falsas expectativas.

Estrategias empresariales.

En la era de la escasez, los ejes de la competitividad empresarial serán la capacidad para desarrollar nuevos modelos de negocio y la de ajustar la oferta a las expectativas. Sobre esos dos vectores se construye una matriz que describe cuatro posicionamientos estratégicos:

1. Transformación disruptiva: Se trata de los nuevos operadores, o de los renovados, que encuentran formas diferentes de atender las expectativas que ya existen. Modelos de negocio disruptivos como el de Zara o el de Nespresso serían un buen ejemplo.

2. Liderazgo visionario. Se da en aquellos modelos de negocio disruptivos que crean y atienden demandas y expectativas nuevas, que antes no existían. Por ejemplo, Google, Amazon o Apple como caso más paradigmático.

3. Liderazgo solitario o excelencia operativa: Son los operadores que siguen atendiendo las expectativas de siempre con el mismo modelo de negocio y sobreviven gracias a un posicionamiento muy sólido, ya sea por el nivel de su excelencia operativa (Porcelanosa, Cosentino, Mercadona o DIA) o porque han eliminado o absorbido a sus competidores (como muchas marcas de supermercado que cuentan con cuotas elevadas y se reparten categorías enteras con la marca del distribuidor y una "cola larga" de pequeños marquistas).

4. Desaparición: Son los jugadores que han mantenido un modelo de negocio incapaz de satisfacer las nuevas expectativas del consumidor y que acaban siendo expulsados del mercado. En general, es lo que ha ocurrido con las tiendas de ropa multimarca y las marcas de fabricante, que han quedado atrapadas "en medio", entre las ventajas de las low cost de las cadenas verticales y la respuesta masiva (a gran escala) de las aspiraciones de los consumidores.

¿Qué papel debe jugar el marketing?.

Más allá de la selección estratégica que realice cada empresa, la era de la escasez impone una nueva misión para el marketing, que debe tener un papel fundamental como mediador entre las expectativas de los consumidores y el desempeño de los productos, y también entre la sociedad y los políticos.

El populismo de izquierdas y de derechas se ha introducido en un momento de agotamiento de un modelo desfasado donde la retórica política y la decepción dan fuelle a un juego de expectativas claramente obsoleto.

El marketing tiene ante sí una oportunidad histórica que pasa por conseguir que converjan los dos conceptos esenciales de un consumo sostenible: el de la sostenibilidad centrada en el consumidor (SCC), una práctica integral de las empresas destinada a dar respuestas sociales, económicas y ambientales coherentes para alcanzar la llamada "triple cuenta de resultados", y el del consumo responsable (CR), un factor que recae sobre el consumidor y que resulta determinante en la consolidación de las soluciones que ofrece la SCC.

Fuente: José Luis Nueno/ IESE Insight.


miércoles, 18 de mayo de 2011

Organizaciones coherentes en entornos globales: Del lucro a la generación de riqueza




"Hay un nuevo entendimiento universal de que las fuerzas de mercado son esenciales para el desarrollo sostenible ". Kofi Annan


Desarrollo sostenible: Nuevas tendencias del mercado global

Dice un antiguo cuento zen que, hace mucho tiempo, un joven se presentó en casa de un sabio maestro de artes marciales:

- Maestro, me gustaría aprender el arte de la espada, ¿cuánto tiempo necesitaré?- le preguntó.
- Diez años.
- ¡Pero eso es demasiado! No tendré tiempo - replicó el preocupado discípulo.
- Entonces, veinte años.
- ¡Pero eso es mucho tiempo! - volvió a replicar todavía más angustiado.
- Entonces serán treinta años - concluyó.

El sabio maestro de este viejo cuento era muy consciente de que cuanto más impaciente se mostrara su joven discípulo respecto al arte de la espada, más difícil le iba a resultar dominarlo.

Curiosa paradoja y muy similar a un fenómeno que en la actualidad estamos viviendo. Queremos dejar atrás la crisis económica, pero es precisamente la ansiedad la que, como al joven discípulo con el arte de la espada, muchas veces nos puede impedir tomar el rumbo más eficiente.

La actual situación ha puesto de manifiesto que estamos viviendo una crisis de valores, que ya nadie discute; además de evidenciar algunas de las inevitables tendencias del mercado global.

La publicación de las cifras de las ayudas gubernamentales que se otorgaron a los bancos en Estados Unidos, y su comparación con la cifra que Naciones Unidas había reclamado sin éxito para acabar con el hambre en el mundo, fue mostrada como un flagrante ejemplo de la crisis de valores.

Según los expertos, el “parche” era necesario e inevitable, ya que de lo contrario el sistema financiero se podría haber colapsado y, por ende, haber arrasado con parte del sistema económico, especialmente con aquellas empresas que por su dinámica son más dependientes del crédito.

Hemos visto cómo en la Vieja Europa, las economías de Grecia e Irlanda han tenido que ser salvadas in extremis o cómo se han activado billonarios planes de estímulo en los gobiernos de Occidente para incentivar el crecimiento del PIB de sus economías.

Al final, como dijo el príncipe Fabrizio di Salina en la novela de Tomasi di Lampedusa, El Gatopardo: “Todo ha de cambiar para que nada cambie”.

No obstante, estas noticias a nivel macroeconómico ya están teniendo un impacto en los consumidores, según constatan destacados economistas. Mientras millones de empleados están siendo despedidos, va emergiendo una mayoría silenciosa que empieza a demandar y consumir un nuevo tipo de productos y servicios. En el actual contexto económico, muchas empresas están perdiendo cuota de mercado o agonizando para mantener la que ya tenían, pero las organizaciones que proveen productos más sostenibles y éticos, en medio de la crisis valores, no paran de crecer año tras año.

Ahora bien, ¿qué indicios existen de que esta nueva economía sostenible es una realidad a tener en cuenta?

Según el estudio Green Brands Survey 2009, elaborado por Cohn & Wolfe en colaboración con WPP, el 77% de los encuestados afirma que la política ecológica y sostenible es algo bastante o muy importante a la hora de eligir un producto o servicio.

Otros datos del sector apuntan a que el consumo medio per cápita de productos ecológicos en España es de 7 euros al año, mientras que en los países del entorno, como Italia, asciende a 40 euros, o en Austria, a 140.

En España, a pesar de estar aún lejos de los promedios europeos, la industria de consumo sostenible también está aumentando. Las ventas de Veritas crecen a una media del 20% anual y sólo en el primer semestre de 2010 facturaron 9,6 millones de euros, consolidándose como líderes del mercado. Las tiendas Marsan crecen a otro 20% anual, siendo ya más de 100 los establecimientos repartidos por todo el territorio nacional. Natursoy, otro importante fabricante de alimentos ecológicos, ha duplicado sus ventas en los últimos años, alcanzado los 14 millones de euros.

Para verificar estos datos, no hace falta más que darse una vuelta por las tiendas Veritas o Marsan, cada vez más visibles en diferentes lugares de la ciudad y más llenas de consumidores.

En el sector financiero, Triodos Bank, banco ético que garantiza que tus ahorros sólo financien proyectos con alto valor social, cultural y medioambiental, recibió en el 2009 el premio Financial Times al Banco Sostenible del año 2009; y tras un crecimiento espectacular en los últimos años, cuenta ya con más de 225.000 clientes, habiendo alcanzando los 4.200 millones de euros de patrimonio.

En paralelo, también están consolidándose las comunidades de autogestión financiera (CAF), grupos de gente que se prestan dinero entre ellos, especialmente en sectores vulnerables, y que funcionan como una alternativa viable a los bancos tradicionales pero que, a diferencia de éstos, revierten los intereses de dichas operaciones y se administran directamente en las comunidades de participantes.

En el sector educativo, la dirección por valores y el management consciente se han introducido en prácticamente todas las escuelas de negocios como la Universidad de Barcelona, ESADE, IESE, EADA o la Euromed, escuela de management de Marseille. Son muy pocas las universidades y escuelas de negocio donde ya no se integran el desarrollo de personas y los valores en sus programas académicos y educativos.

Es decir, según la matriz de crecimiento de Boston Consulting Group (BCG), las organizaciones sostenibles se encuentran en una posición de “estrellas”, con un gran crecimiento de su mercado y la mayoría con una creciente participación en el mismo.

Si estudiamos más detenidamente, las organizaciones implicadas en la economía sostenible, podemos observar que tienen características comunes:

a. Cuidan el desarrollo de las personas y los valores corporativos.

b. Priman la cooperación en detrimento de la competencia.

c. Impera un clima de confianza entre proveedores, trabajadores y clientes.

d. Tienen una estrategia sostenible que se fundamenta en la abundancia.

e. La gestión integra los tangibles y los intangibles.

f. Son respetuosas con el medio ambiente.


Además de las mencionadas, organizaciones de distintos sectores como Biocop, Assistència Sanitaria, MRW, Entel o NTT Europe Online son un ejemplo.

Esta avanzadilla de empresas coherentes con sus valores son pioneras. Han dejado de centrarse exclusivamente en el lucro y están generando una riqueza real para la sociedad y el mundo, pudiendo, en muchos casos, prescindir de los departamentos de Responsabilidad Social Corporativa.

El mismo ADN de este tipo de corporación es responsable socialmente. Sus actividades ya no hacen que sólo aumente la cuenta de resultados, sino que también contribuyen al bien común, alineando sus acciones con sus valores y dando pie a que, de forma natural, surja este “valor de valores”: la coherencia. Las organizaciones sostenibles son organizaciones coherentes.

A través de un proceso de Aprendizaje Organizacional, cada vez más empresas se suman a la sostenibilidad y se adaptan a esta nueva realidad socio-económica de economía emergente, empezando el cambio por la mejora de las relaciones con su primer cliente: sus propios empleados.


Conclusiones

Desarrollar la proactividad, la motivación, el compromiso de los colaboradores, fomentar las relaciones basadas en la cooperación y en el bien común, e incentivar una cultura organizacional basada en los valores y que genere riqueza para la sociedad, son algunos de los ejes de estos procesos de Aprendizaje Organizacional, orientados hacia la eficiencia y la sostenibilidad.

Como el discípulo del maestro de las artes marciales del viejo cuento zen, cuanto antes nos apliquemos, antes lograremos posicionarnos en la nueva economía emergente.

Fuente: Victor Gay Zaragoza/ Executive Excellence nº 79