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lunes, 2 de mayo de 2011

La empresa global ante la nueva sociedad del conocimiento: Retos y oportunidades


El conocimiento es nuestra máquina de producción más potente; nos permite someter a la naturaleza y obligarla a satisfacer nuestras necesidades. La organización ayuda al conocimiento....Alfred Marshall

La nueva sociedad del conocimiento

Antes de reflexionar sobre los retos concretos y más relevantes a que tendrá que enfrentarse la empresa en los años venideros, parece oportuno, exponer los rasgos que caracterizan la sociedad del conocimiento en una economía global, una sociedad compleja, difícil de manejar, de predecir, llena de contradicciones y de incertidumbres; razones que abren en exceso los finales posibles de los procesos sociales iniciados, situación característica y que estudia la teoría del caos, como movimiento científico relacionado con las dimensiones de la complejidad (Lorenz, 1993).

Nos enfrentamos a un mundo sin certezas, esperando nuevas creencias y guías para movernos ante tanto cambio, tan veloz y tan discontinuo; un mundo desconfiado en que nos hemos olvidado de esencias, valores y respeto a las personas, y en donde la responsabilidad social y la ética deben recuperar un papel principal.

En primer lugar hay que señalar la importancia del cambio económico en su sentido más global. Holismo que tipifica una sociedad y una economía con términos habituales, tales como: información, conocimiento y aprendizaje. De esta forma se quiere nominar el triunfo de todo aquello que tiene que ver con la creación de valor por las organizaciones a través, fundamentalmente, de los procesos de transformación basados en activos, actividades y conceptos que llamamos intangibles.

Esta nueva “era de los intangibles” ,es decir, de la creación de valor basada en el conocimiento en acción y en información, en la capacidad de aprender y de desarrollar talento organizativo, es la época que viene protagonizando la definida como economía basada en conocimiento.

Las situaciones de cambio, generadoras de complejidad, se pueden y deben gestionar. La economía actual se caracteriza por el impacto simultáneo de diferentes factores de cambio: tecnológicos, competitivos, espaciales, culturales y organizativos. Una nueva realidad que obliga a la dirección de empresas a saber dirigir las tres esferas o estructuras en que aquélla se configura:

La economía real: Basada en las transacciones con activos tangibles en los mercados convencionales.

La economía financiera: Basada en las transacciones con activos financieros, tanto para facilitar las operaciones anteriores como para desarrollar sus actividades propias y específicas en los mercados financieros.

La economía de la información y del conocimiento: Basada en las transacciones con activos intangibles derivados del “conocimiento en acción” y del uso de las nuevas tecnologías, cuyo máximo exponente es la red.

Estas estructuras en la medida que se divorcian o que sus decisiones son asimétricas generan no sólo más complejidad, sino también disfunciones creadoras de crisis y desconfianza.

La dirección de las empresa global en el nuevo milenio: Retos y oportunidades

Las esferas antes mencionadas se interrelacionan e influencian, a la vez que actúan con aparente independencia y con capacidad propia para operar pero que, en su simultaneidad, obligan a todas las empresas, según Prahalad (2006), a orientar su pensamiento-acción siguiendo nuevos criterios en la línea integradora antes expuesta, basada en el conocimiento, el talento y las citadas capacidades:

a) Preocuparse por expandir su negocio al mundo entero.

b) Estar abiertos a alianzas temporales y acuerdos de colaboración.

c) Considerar la rapidez en las decisiones y acciones como una cuestión primordial.

d) Reevaluar y revisar el modelo de empresa empleado en los países desarrollados para crear valor, pero para todos.


Estos criterios o recomendaciones pueden servir de guía para el nuevo pensamiento que se requiere por parte de la dirección de empresas en el nuevo milenio. El dominio del nuevo pensamiento, creador de nuevas competencias, de nuevas creencias y modo de gestión empresarial, sin lugar a dudas, provocará la aparición de organizaciones nuevas, tanto en su estructura como en su comportamiento, en las cuales las mujeres como emprendedoras van a tener un papel protagonista en los próximos años.

A título meramente orientativo y únicamente a los efectos de lo que ahora concierne se pueden concretar un conjunto de “retos y oportunidades para la dirección de empresas” en el nuevo milenio, tales como las siguientes:

La importancia del desarrollo o dirección del conocimiento y del talento, como clave para la creación de nuevo conocimiento organizativo, de innovación y de las capacidades dinámicas necesarias para entender la nueva realidad y dirigir la complejidad de la llamada nueva economía, y en donde las capacidades de la mujer se hacen relevantes.

La importancia del aprendizaje organizativo y transorganizativo, como clave para incorporar y desarrollar el conocimiento y el talento necesarios, sin lo cual las organizaciones no evolucionarán hacia los nuevos requerimientos expuestos.

La importancia de los cibernegocios, del e-business y del e-commerce, como clave que esta revolucionando la forma de actuar en los mercados, de relacionarse los agentes que los integran y como medio para descubrir nuevas realidades económicas y nuevas oportunidades de negocio.

La importancia de la internacionalización de la empresa, como clave que interpreta la nueva realidad de una economía global, integrando mercados globales junto a otros locales (nacionales y regionales). Una manera discutida y discutible de funcionar la economía, pero que es evidente e irreversible y en la que a la vez se facilitan transacciones estandarizadas y un nuevo espacio en que la empresa se ve obligada a actuar de forma internacional, sin fronteras, ya que las tecnologías se lo permiten y las tendencias del mercado y sus discontinuidades emergentes la obligan.

La importancia de la internacionalización y transculturalidad de la dirección, como clave que marca uno de los retos mayores de la nueva época, ya que no basta con desarrollar negocios transnacionalmente, sino que hay que aprender a actuar, a entender y a vivir toda la riqueza cultural de los países, regiones y comarcas en que pueda operar la empresa. Es preciso disponer de ciudadanos del mundo, de directivos verdaderamente transnacionales, que incorporen la transculturalidad como un conocimiento tanto explícito como tácito en su inteligencia directiva., y en donde la incorporación de la mujer podrá dinamizar y mejorar todo el sistema.

La importancia de las alianzas y de la cooperación empresarial, como clave que añade valor al simple proceso de concentración empresarial o de fusiones de compañías, ya que puede facilitar la creación e intercambio de conocimiento entre empresas competidoras o pertenecientes a otros sectores, aparentemente no relacionados, pero por las características de los retos antes expuestos cada vez se convierten en mayores competidores potenciales, con lo que hay que cooperar y aprender a través de la creación de “comunidades de mejores prácticas”.

La importancia de la ética y del compromiso social de la empresa en el nuevo milenio, como clave que resume muchas de las ideas antes expuestas o como medio de sintetizar el nuevo pensamiento, recuperador de conceptos y valores del pasado, pero siempre de hoy y combinándolos con los nuevos que exige el “paisaje” del siglo actual. La ética y el compromiso social de las organizaciones y de su dirección cobran una nueva dimensión ante los retos e incertidumbres de la nueva era. Representa una conducta inteligente, emocionalmente comprometida, razonablemente solidaria y que permite configurar el nuevo papel de las “organizaciones inteligentes” o con talento del nuevo milenio, aspectos que suelen ser relevantes y con mayor presencia en las mujeres.

Conclusiones

Estos retos y oportunidades, muy posiblemente no todos los que se podrían plasmar, pero si, al menos, los que parecen más relevantes para entender la realidad y el futuro que se acerca a gran rapidez, sirven para justificar los desafíos a que deberán hacer frente los directivos de las empresas en el nuevo milenio, al menos, en las primeras décadas del siglo XXI.

Estas claves pretenden influir en un nuevo “estilo de pensar”, en la constitución de un nuevo pensamiento directivo, que las evidencias empíricas y las “mejores prácticas” observadas parece que auguran una consecución feliz o afortunada de los fines pretendidos por las empresas en la economía actual, posiblemente lo que siempre se deseó en épocas anteriores de la “vieja economía”.

Por ello este “estilo de pensar”, mira al futuro, pero reflexiona sobre el conocimiento del pasado, es innovador pero también cauto y reflexivo, pretende incorporar a la inteligencia las emociones y los sentimientos y, en definitiva, crea una guía para el pensamiento-acción más humanista y con dosis importantes de recuperación de lo que representa vivir en la sociedad con determinada ética, ya que todo no vale, y con un compromiso con aquélla, con los que la componen, ya que si ello no fuera así el poder o la fuerza inconmensurable de las nuevas tecnologías para crear un mundo nuevo, en trastocar las leyes de la naturaleza, harían que la sociedad se convirtiera en un Saturno mitológico, “devorando a los agentes que la componen” y provocando un riesgo innecesario de posible autodestrucción.

¡Eh aquí! la importancia del nuevo “estilo de pensar” , del papel relevante del pensamiento integrado e integrador y de la presencia de personas emprendedoras, que serán las que orientarán el rumbo empresarial inmerso en un mundo lleno de incertidumbre pero que todos deseamos alumbre en un final lo más feliz “para todos”.

Fuente: Eduardo Bueno /Catedrático de Economía de la Empresa (UAM). Secretario General y Presidente de la Comisión de Organización y Sistemas de AECA

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