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miércoles, 4 de enero de 2012

Motivación y logro en el directivo: Los juegos y el juego de la vida


Los problemas y satisfacciones que podemos tener en esta vida no dependen tanto de lo que logremos hacer en cantidades absolutas, sino más bien de la diferencia entre nuestras expectativas y lo que realmente logramos. Las magnitudes son relativas.

Motivación y logro en el directivo: Los juegos y el juego de la vida


Hace años, en Consultoría de Directivos, hacíamos un juego, en apariencia muy simple, con grupos de ejecutivos. Dábamos diez aros a cada uno y pedíamos que cada cual dijera cuántos aros pensaba colocar en un pincho que situábamos en el suelo.

La distancia era libre y cada cual elegía la que le parecía más oportuna. Algunos se situaban a uno o dos metros del pincho, otros a unos cuatro o cinco y otros más bien lejos, a unos ocho metros.

Los más cercanos lógicamente acertaban a colocar casi todos sus aros. Los de distancia media acertaban menos y mucho menos aún los de distancia larga. Así, dos o tres rondas, con opción para aumentar o disminuir la distancia tras cada intento.

Los resultados del juego

Las diferencias entre aciertos previstos y logrados eran mínimas en los de distancia corta, mayores en los de distancia media y muchas más en los de distancia larga.

Los jugadores de distancia corta quedaban tibiamente satisfechos, sin demasiado entusiasmo, por haber logrado colocar casi todos los aros. Demasiado fácil.

Los de distancia media, en general, quedaban satisfechos de haber logrado colocar una cantidad razonable a una cierta distancia en que se acertaba y se fallaba, y ponían especial cuidado en tratar de cumplir y hasta de superar su pronóstico.

Los jugadores de distancia larga eran más propensos a frustrarse ante su bajo rendimiento de aciertos y ante sus mayores diferencias entre aciertos previstos y logrados. Algunos, saliéndose un poco del “partido”, llegaban a tirar más de un aro a la vez, por si así, al azar, lograban algún acierto.

Tras anotar todas las puntuaciones, preguntábamos (sin descubrir los fines del juego) qué les parecía, qué sentido tenía aquello y qué significaba para ellos, si es que significaba algo.

Impacto en la persona y aprendizaje

Llegaban a aparecer algunas suspicacias (a partir de un simple juego) cuando, poco a poco, en la dinámica de su coloquio, los directivos iban descubriendo los fines del juego.

La motivación de logro y orientación a resultados correlacionan con el establecimiento de objetivos medios, razonables, más o menos ambiciosos, pero alcanzables.

Una menor motivación de logro correlaciona con establecer metas excesivamente altas o bajas. Aparte de las suspicacias o, a veces, irritación de algún que otro jugador que elegía distancia corta o distancia larga, el juego servía no tanto para etiquetar la alta o baja motivación de logro que un jugador tenía, sino más bien, dinámicamente y en varios ensayos, para aprender a establecer metas intermedias, ambiciosas pero realistas y alcanzables, que estimularan a los electores de distancia corta a arriesgar más para lograr más y ser más eficaces, y a los de distancia larga a jugar menos a la lotería y a la ruleta rusa para conseguir resultados.

La persona con alta motivación de logro tiende a “ganar a los puntos” más que a “ganar por k.o.”, poco a poco, pues el logro está ligado a la perseverancia. Tiende a mostrar perseverancia hacia el éxito y sencillez tras su consecución.

Las personas con baja motivación de logro tienden a ganar más por k.o., con menos esfuerzo sostenido. Tienden a mostrar no mucha perseverancia al éxito y curiosamente menos sencillez tras éste.

También es cierto que, en sesiones más largas, los jugadores que elegían distancia media (alta motivación de logro), una vez logrado un porcentaje satisfactorio de aciertos, tendían a alargar la distancia paulatinamente, haciendo los objetivos poco a poco más desafiantes y tratando de aumentar el rendimiento con el desarrollo de la habilidad. Al parecer, el tender a mejorar es un instinto humano, pero aparece más nítido en personas con alta motivación de logro. Esto se logra poco a poco en mejoras sucesivas y no marcándose altísimos objetivos.

Todo lo grande a largo plazo se construye poco a poco. Estos objetivos excesivamente ambiciosos son precisamente indicadores de una ausencia de perseverancia, de poca resistencia a las dificultades y de buscar “éxitos” a corto plazo.

Los juegos, la persona y la vida

Lo realmente interesante en muchos de estos juegos es observar cómo, tras empezar como un simple juego, las personas “entran en él” y van descubriendo progresivamente una serie de capacidades y motivos que son muy importantes en su desempeño en el trabajo y en la vida.

Son motivos, valores y necesidades relativamente estables y permanentes en la persona. Es muy importante que sea la misma persona quien descubra esto, pues las cosas que más impacto nos hacen y que mejor incorporamos a nuestro comportamiento no son las que nos enseñan sino las que aprendemos (queriéndolo y, a veces, sin quererlo). Cuando esto tiene lugar en situaciones emocionalmente fuertes como miedo, alegría, duda, competitividad, etc., su anclaje es más fuerte.

La dimensión humana

Al parecer, los problemas y satisfacciones que podemos tener en esta vida no dependen tanto de lo que logremos hacer en cantidades absolutas, sino más bien de la diferencia entre nuestras expectativas y lo que realmente logramos. Las magnitudes son relativas.

La raíz humana de muchos éxitos o fracasos y de alegría o tristezas reside no tanto en cuán grandes son nuestras capacidades y logros, sino en cuán grande es la distancia entre los objetivos que nos marcamos y los que conseguimos.

Cuanto mayor es esta distancia, por exceso o por defecto, mayores son los problemas que va a tener la persona en su vida o en su carrera. Nuevamente, como decía Protágoras, “el ser humano es la medida de todas las cosas.” Mucho más importante que lo que “objetivamente” pueda valer una cosa es lo que significa, supone y vale para nosotros.

La baja motivación del logro

La baja motivación de logro correlaciona con altas necesidades de autoafirmación y reconocimiento. La persona con baja motivación de logro antepone sus fines e intereses personales a sus aportaciones en beneficio de la organización.

La persona tiende más a servirse del puesto que a servir al puesto. Prevalecen la “estética, plumas y adornos” de su carrera profesional como un fin en sí mismo, frente a las auténticas aportaciones y logros para la empresa. Es éste un tema muy importante. Es buscar la aceptación de los demás como un fin en sí mismo en vez de buscar los logros y resultados de la organización, y, como consecuencia de ellos y en segunda derivada, el lógico reconocimiento. Es también como buscar el poder como un fin en sí mismo, no para la empresa.

Nada hay más peligroso para una organización que un líder con altas necesidades de autoafirmación y de reconocimiento. Todo lo subordinará a esto, incluidas la organización y las personas que la componen.

Como persona con sed insaciable, buscará compulsivamente reconocimientos y cariño como los profesionales y amantes mediocres: cariño y reconocimiento que nunca serán reconocidos ni correspondidos, pues la persona practica consciente o inconscientemente un vampirismo profesional o emocional de demandas que es un pozo sin fondo.

Estas necesidades compulsivas de autoafirmación y reconocimiento son rasgos de una personalidad neurótica y nada hay que caracterice mejor a esta personalidad que su incapacidad para ayudar, a los demás o a la organización a la que pertenece, pues bastantes problemas tiene con dedicar toda su energía a satisfacer sus necesidades personales.

Todo esto son teclas que pertenecen al campo, un tanto profundo, de la personalidad, donde los últimos resortes se hallan en la propia autoestima de la persona y en estar o no a gusto consigo mismo. La persona con autoestima baja es poco propensa a desarrollar y llevar a cabo proyectos que trasciendan más allá de sí mismo.

La alta motivación del logro

Las personas con alta motivación de logro se marcan metas ambiciosas, pero realistas y alcanzables, que exigen la aplicación y el desarrollo de sus mejores capacidades. Sirven al puesto más que servirse de él, y aumentan su poder e influencia en la organización a través de los resultados que logran.

Sus necesidades de autoafirmación y de reconocimiento, que todos las tenemos, son moderadas, y las satisfacen como consecuencia de sus logros.

Aportan y aprenden de la experiencia, y consolidan los resultados a través de su perseverancia y convicción. La energía que gastan en beneficio de su institución les viene devuelta, como dividendos, para su desarrollo profesional y personal. Psicológicamente son personas que están a gusto consigo mismas, que disfrutan de sus logros al tiempo de estar motivadas y abiertas a retos futuros.

Conclusión

El logro satisface las necesidades más exquisitas del ser humano en el trabajo y en la vida. Los humanos somos espíritus hambrientos, y el hambre del espíritu es también un pozo sin fondo, como lo es el hambre de reconocimiento. Pero uno se sacia con vampirismo a costa de los demás y el otro con el desarrollo y aprovechamiento al máximo de nuestras mejores capacidades en el servicio y beneficio de algo más grande y más allá de nosotros mismos.

Fuente: José Medina/ Executive Excellence

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