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sábado, 7 de marzo de 2015

"Keep it simple": La simplicidad como estrategia, herramienta creativa, eficiencia, y valor del producto

"Somos herederos de una carga de conocimiento que debemos evolucionar para traspasar a las generaciones futuras. Lo que nos sobrevive y perdura como humanos es aquello que tiene una carga de conocimiento, eficiencia y mejora continua en el tiempo".

"Keep it simple": La simplicidad como estrategia, herramienta creativa, eficiencia, y valor del producto.

Me emociona la simpleza de una cuchara de acero inoxidable, admiro la decencia de un bolígrafo “Bic Cristal”, la pureza de la porcelana, la nitidez del vidrio o la elegancia de una bicicleta. No me fío de las cosas que pesan poco o brillan injustificadamente.

Visitaré la Sagrada Familia de Gaudí y el Centro Guggenheim de Frank Gehry, pero me a menudo me encontraréis dentro de una catedral románica, en el Pabellón de Mies Van der Rohe en Barcelona y disfrutando de la arquitectura de Alvaro Siza o Richard Meier. Estas semanas tras la muerte de Steve Jobs, pienso en esto más que nunca.

Afortunadamente la simplicidad no está reñida con la tecnología o la función. En los mercados de consumo la tecnología por la tecnología no tiene futuro, al igual que las complejidades gratuitas; ambas son síntomas de falta de valor real, de debilidad conceptual.

“Lo sencillo, lo simple” es sinónimo de evolución real de nuestra humanidad; cuanto más sencillo y simple conseguimos que sea algo, más carga acumulada de conocimiento humano necesita. Lo podemos encontrar en forma de observación social, tecnología aplicada, cultura adaptada e investigación científica. A mayor simplicidad mayor conocimiento, mayor carga conceptual.

Los humanos no tenemos necesidades nuevas, lo que tenemos son muchas nuevas formas de satisfacer las necesidades de siempre. La tecnología, las ciencias humanas y económicas nos alimentan de nuevo conocimiento y nutren el camino hacia una constante mejora en la satisfacción de las necesidades; éstas las evolucionamos generacionalmente para traspasarlas a las generaciones futuras.

Si hacemos un análisis con cierta distancia de la evolución que como humanos tenemos a nivel general y en el consumo en particular, observaremos que llevamos registrado en nuestro cerebro el concepto de economía del esfuerzo. La energía siempre ha sido para la humanidad lo más costoso de obtener y mantener.

Difícilmente construimos algo nuevo desde cero, siempre lo hacemos a partir de una plataforma que heredamos generacionalmente; nuestra misión consiste en recepcionarla y evolucionarla adaptándola al conocimiento y circunstancia de nuestra generación para dejarla de nuevo como herencia a las generaciones futuras y someterlas a un nuevo loop evolutivo, siempre aportando mayor eficiencia.

Es interesante observar este concepto de herencia del conocimiento en productos que han sobrevivido en su esencia al paso del tiempo: La bicicleta, los barcos de vela, los productos de escritura, etc. Todos ellos han conservado su esencia original que podemos reconocer desde su momento fundacional. Con el transcurso del tiempo han ido evolucionando morfológicamente en una combinación de sofistificación tecnológica y simplicidad funcional. No les reconocemos autoría concreta, forman parte del patrimonio que como humanos formamos.

Otros productos o servicios han perdido en su transcurrir evolutivo su morfología inicial y han transformado su tecnología o la forma de relacionarse con las personas de forma radical, pero no por ello han dejado de llevar en su ADN la carga evolutiva de toda la humanidad precedente. De este modo, entre una carta de correo postal y un e mail, entre montar a caballo y conducir un vehículo, todo es distinto y todo es común. Les separa la tecnología empleada y les une la eficiencia y la simplificación funcional a la que tendemos las personas en nuestro transcurrir evolutivo.

Esta gestión entre cambio tecnológico y reconocimiento conceptual y funcional heredado es fundamental para la supervivencia en el tiempo de los conceptos y los productos/servicios que de ellos se derivan.

Cuando la tecnología somete al concepto y función heredada, rompemos la evolución que la sociedad ha hecho a lo largo del tiempo; pero más tarde o temprano se autorregulará llegando a una compensación entre tecnología y forma/función. Esta es la explicación de la desaparición de Nokia y el auge del iPhone. De la dictadura de la tecnología, a la naturalidad del uso.

Conclusión.

Es ésta, y no otra, la gran virtud proyectada en toda su carrera y en todas las empresas en las que ha participado Steve Jobs: Ser y mostrarse sensible hacia el conocimiento heredado generacionalmente y evolucionarlo tecnológicamente sin sacarlo de su línea evolutiva; esta es la diferencia entre un antiguo ordenador IBM y un Mac.

Este es también el reto de la tecnología: Abandonar su excepcionalidad y regresar al camino de la necesidad original para la que fue concebida.

Fuente: Antoni Flores/ Managers Magazine.

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